Es mejor acercarse a ella sin saber exactamente qué esperar, y sobre todo sin dejarse llevar por el fenómeno publicitario. Sí, es una película violenta, pero en esencia la mayor parte de dicha violencia es emocional

★★★★☆ Muy Buena

Martyrs

A pesar de que no contó con distribución comercial en España, Martyrs (2008) alcanzó en su momento una gran notoriedad gracias a su presencia en festivales internacionales, adquiriendo la fama de ser una película muy intensa que, al mismo tiempo, se encuentra entre las más recientes cintas destacables de esta nueva ola de terror francés de hace unos años. Debido a su ausencia de la cartelera mainstream sólo he podido llegar a verla mucho después, y sí es cierto que gran parte de su reputación está justificada, aunque no por las razones que normalmente se esgrimen: el reciente cine de miedo galo nos ha dado películas mucho más sangrientas que esta, pero lo que hace que Martyrs sea una película difícil está en el hecho de que es particularmente cruel para con sus personajes, aparte de ostentar un tratamiento de la violencia espantosamente frío, distante y nihilista, tras cuyo visionado uno queda peor.

El director y guionista Pascal Laugier no es para nosotros un nombre nuevo, ya que cuatro años antes nos trajo El internado (2004), la cual sí tuvo un pase comercial en España del cual, por desgracia, se habló poco, aunque ya en dicha película se anticipaban varios de los trucos formales de Martyrs. En cuestión de tono, ambas películas son muy diferentes: mientras que en su cinta anterior Laugier apostaba por sugerir mucho y mostrar poco, en esta ocasión no se corta a la hora de mostrar violencia en pantalla. Las semejanzas, sin embargo, residen en la manera como el director consigue (muy eficazmente, debo decir) sorprender al espectador llevando el argumento por caminos insospechados. De esta forma, Martyrs parece en un principio ser poco más que una historia de venganza con trasfondo sobrenatural, hasta que un descubrimiento azaroso por parte de una de las protagonistas imprime un marcado giro temático a la película y la convierte en algo completamente distinto.

De esta forma, lo que en un principio parecía ser la búsqueda de venganza de una joven mujer contra aquellos que la torturaron salvajemente siendo apenas una niña, se convierte de repente en una historia en la que la exposición contínua de torturas y terror físico se pone al servicio de un discurso sobre la obsesión religiosa (específicamente católica) con la supuesta virtud del sufrimiento, algo que ya se sugiere en el título pero que no se manifiesta plenamente hasta ya casi el final de la película. Es precisamente la última media hora aquella a la que se refieren los que mencionan la tan discutida dureza de la puesta de escena de Pascal Laugier. La verdad es que dicha macro-secuencia es bastante impactante no por aquello que muestra (superado muchas veces en cuanto a impacto) sino por el hecho de que es una tortura basada en la constante repetición y está mostrada en un tono, de nuevo, bastante frío e impersonal, una forma de crueldad desprovista de toda ironía que adentra la cinta en los terrenos de la explotación.

A diferencia de lo ocurrido con el resto de sus compatriotas, ha sido este y no su primer largometraje el que ha dado a Pascal Laugier su sitio en la reciente hornada de cine de terror venido de Francia. Personalmente, aunque prefiero ejemplos más ingeniosos como À l’intérieur (2007), Martyrs es una película que vale la pena revisar por lo menos una vez. Su efecto desmoralizante, por otro lado, parece ser la norma en gran parte de la producción terrorífica más reciente, pero no me cabe duda de que está muy bien llevada a cabo en esta ocasión. Es mejor acercarse a ella sin saber exactamente qué esperar, y sobre todo sin dejarse llevar por el fenómeno publicitario. Sí, es una película violenta, pero en esencia la mayor parte de dicha violencia es emocional. Eso es finalmente lo que la diferencia de otros muchos ejemplos de cine de torturas con los que erróneamente se le compara.

publicado por Hombre Lobo el 13 diciembre, 2009

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