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Avatar

Vi Avatar hace unos días y aún me dura la conmoción. La película es espectacular y revolucionaria, un fenómeno audiovisual en sí mismo. Hay quien critica el guión, sin duda lo más mejorable del filme, pero a mi juicio la puesta en escena es tan grandiosa y la acción está tan conseguida que compensa cualquier debilidad argumentativa. Avatar hace que uno disfrute del cine como cuando era un niño. Volvería a verla ahora mismo y eso que dura más de dos horas y media.

Después de Titanic, Terminator y Aliens,  James Cameron regresó con su proyecto más ambicioso respaldado por 300 millones de dólares y en el que empleó más de cuatro años de trabajo en exclusiva, unas cifras colosales incluso para Hollywood. El dinero y el tiempo invertido dan sus resultados en la pantalla.

A priori podría parecer una película para un público aficionado a los efectos especiales, explosiones y la ciencia ficción,  mayoritariamente varón (las estadísticas de venta anticipada de entradas en EEUU indican que el 75 por ciento de los compradores son hombres), pero Avatar es una obra que se estudiará en la historia del cine por lo que es una cita obligada para cualquier aficionado al séptimo arte. Yo fui a verla con mi mujer, nada sospechosa de emocionarse con filmes de este estilo, y salió encantada. Los dos queremos irnos el año que viene de vacaciones a Pandora.

Lo mejor de Avatar es el universo al que traslada al espectador, ese recóndito planeta (Pandora) que tardaron dos años en diseñar y en el que todo está conectado como si fuera un solo organismo vivo. Cameron emplea con maestría toda la tecnología a su alcance (3D, performance capture,  etc.) para guiar a la audiencia en un viaje iniciático por parajes de otra galaxia durante minutos. Gloria bendita que compensa gastar un poco más de dinero para disfrutar del espectáculo en pantalla IMAX.

El detallismo de los personajes azulados, los nativos de Pandora llamados Na’vi, y su interacción sin fisuras con los personajes de carne y hueso es memorable.

Hay que admitir que la trama no es muy exigente. No plantea desafíos argumentales ni giros inesperados que sorprendan a la audiencia, que seguramente ya estará bastante alucinada con todo lo demás.

En líneas básicas, los seres humanos en nuestro afán por explotar los recursos naturales para ganar millones de dólares nos plantamos en el año 2154 con un ejército de mercenarios en Pandora para extraer un mineral muy rentable. Claro, esa idea choca con los principios de respeto al medio ambiente y armonía natural de los Na’vi, una población de aspecto primitivo que vienen a ser una fotocopia de una tribu de sioux o apaches del oeste americano pero de tamaño gigante y color azul cuya lengua local es obra del ligüista de la Universidad del Sur de California (USC) Paul Frommer.

Me ahorraré los detalles, pero no falta el amor y una encarnizada y colosal batalla de armamento desigual en la que “toro sentado” dispara flechas contra unos “terminators”. Dicho esto, me repito. Avatar merece mucho la pena y el guión, a pesar de ser sencillo y definir superficialmente a los personajes, está a la altura de una producción media de ciencia ficción en EEUU y muy por encima de historias como Transformers.

La moralina de que hay que ser buena gente y cuidar el entorno es de agradecer en estos tiempos que corren.

Cameron desentierra una mina de oro con Avatar, película que dejó perplejo al propio Spielberg, según publicaron los medios estadounidenses. Veremos cuánto tarda en recuperar la inversión y en dar rienda suelta a secuelas o precuelas, que en este caso parece tan interesante lo que pasará después como lo que existía antes de la llegada del hombre a ese planeta.

El reparto está encabezdo por Sam Worthington (Terminator Salvation),  Zoë Saldana (Star Trek) y  Sigourney Weaver, que vuelve a trabajar con Cameron pero con un personaje más parecido a la doctora Dian Fosey de Gorillas in the Mist que al de Ellen Ripley en Aliens.

Un consejo para finalizar: id al servicio antes de entrar en la sala para evitar que la vejiga os juege una mala pasada en los últimos minutos de proyección.

Lo mejor: La fuerza visual y el atractivo de Pandora
Lo peor: Un guión previsible
publicado por El Plumilla el 18 diciembre, 2009

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