Aunque le falte complejidad en algunos aspectos, su enorme impacto visual y el buen hacer de Cameron consiguen unos niveles de entretenimiento pocas veces alcanzados.

★★★★☆ Muy Buena

Avatar

Avatar usa una tecnología en 3D que seguro marcará tendencia, pero tampoco debemos arrodillarnos ante esta nueva forma de hacer cine, las revoluciones del cine no la llevaron los científicos, bien es cierto que estamos en deuda con los hermanos Lumière y su invento trascendental, pero los verdaderos revolucionarios de este arte son personas como Chaplin, Eisenstein o Hitchcock, entre otros muchos nombres. La tecnología puede aportar nuevas formas de ver el mundo, pero si no hay un artista detrás de ella, no podemos hablar de una revolución cinematográfica en sentido estricto. No estamos ante una obra maestra, pero sí ante una película notable, James Cameron sabe gastar –y amortizar– 200 millones de dólares en estos tiempos de crisis intensa.

La película empieza de forma ruda, sin créditos, se nos cuenta de un modo un tanto precipitado la vida del marine Jake Sully, al que le da vida Sam Worthington realizando una buena actuación en su género, tal como hizo en Terminator Salvation. Tras este prólogo que pasa a cámara rápida, Cameron nos sumerge en las selvas de Pandora, un lugar fantástico a la vez que fascinante, los efectos especiales ayudan a que ensoñemos con ese planeta virgen, salvaje y colorista. El efecto del alucinógeno –también llamado 3D– se termina cuando no hay un espectáculo novedoso para la vista, en estos momentos entra el buen hacer de Cameron, que realiza un filme sin altibajos que consiguió que durante poco más de dos horas y media de mi vida, me olvidara del reloj.

La historia tampoco resulta novedosa, la invasión de un pueblo la encontramos desde que el hombre se convirtió en hombre, quizá antes. Avatar tampoco es superflua en este sentido, en su metraje encontramos alegorías al ecologismo y la naturaleza, también hay un mensaje anti-imperialista –invadir a un pueblo por sus riquezas– supone una violación que no debe quedar impune. Dejando de lado este interesante asunto, el problema más grave que arrastra Avatar son sus personajes, demasiado sencillos para poder cobrar vida. El comandante de la flota humana que ordena el ataque hacia los indígenas Na´vi mientras degusta una taza de café, resume estos excesos del guión. Al amor que viven los protagonistas les falta chispa, parece que la raza Na´vi no siente pasión, deseo, erosión, placer…

Personalmente me agradó encontrar en el reparto a Sigourney Weaver, protagonista de la saga Alien, a la que veía muy perdida últimamente, en este caso interpreta a una bióloga que estudia los comportamientos de los Na´vi, un papel que me recordó a una de sus mejores películas, Gorilas en la niebla. Anécdotas aparte, Avatar pese a su simpleza en aspectos creativos, consiguió evitar mi parpadeo gracias a Pandora, un mundo fantástico y único en peligro de extinción por la acción humana, un argumento no tan alejado en el espacio-tiempo.
Lo mejor: Su poder visual.
Lo peor: Personajes poco definidos.
publicado por Miguel de Diego el 11 enero, 2010

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