muchocine opiniones de cinedesde 2005

“”…Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan…”” (Jaime Sabines “”Los Amorosos””)

★★★★☆ Muy Buena

Dolls

Japón, (2002) , "Dolls"
"Los Amorosos"

    "…Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
    no encuentran, buscan.
    Los amorosos andan como locos
    porque están solos, solos, solos,
    entregándose, dándose a cada rato,
    llorando porque no salvan al amor.


    Les preocupa el amor. Los amorosos
    viven al día, no pueden hacer más, no saben.
    Siempre se están yendo,
    siempre, hacia alguna parte.

    Esperan,
    no esperan nada, pero esperan…"


    -Extracto-



¡Dios! Esto es de empezar y no terminar, uno quiere hablar de cine y termina hablando siempre de gente, al menos, no cualquier gente. Recuerdo que lo primero que pronuncié a mis adentros fue… “Sabines, si… esto de alguna forma es Sabines”.

Jaime Sabines, es un gran poeta mexicano. No muy prolífico, pero como el mencionó en varias entrevistas era de escribir poco. Sino recuerdo mal sólo tuvo 11 libros publicados hasta que las condiciones de su cáncer hicieron que no pudiera escribir más.

Su obra siempre se liga al romance y sensualidad pero lo que lo destaca por sobre otros es el desgarro, la atracción indisoluble con lo tremendamente viseral, terrenal y humano, siendo muchas veces descarnadas radiografías del hombre y sus emociones.

Leer a Sabines es difícil porque muchas veces las palabras te dejan sin palabras, y otras tantas, la fuerza y potencia de su poesía es abrumadora.

Así fue como de pronto pude ver en Dolls de Takeshi Kitano la prosa poética de Sabines, específicamente “Los Amorosos”. Un relato descarnado sobre el amor, sus objetos de deseo –nuestras simples existencias- y la mecánica del ser amado. Lo cierto es que se hace visible el egoísmo de amor, la fuerza incontrolable que rompe como un mar de olas nuestros barcos, siendo el mar nuestra ruta y camino inagotable y continuo. De esta forma se grafica la crudeza de una faceta tan conocida como negada del amor: la irracionalidad del amor es la que muchas veces mata, destroza y arremete al propio sentimiento. Y así como en “los Amorosos” se devora a sí mismo inundado en el misterio de ser siempre sólo “amor”.

“De momento, no entiendo muchas cosas” me dijo un amigo con su pareja que nos acompañaban la primera vez que vimos la película. Lo cierto es que pese a no tener un ritmo tan lento como en otras obras, Kitano juega mucho con el fuera de campo y la elipsis, sobre todo en una dimensión bastante simbólica lo que nos acentúa la sensación de que faltan muchas partes. No nos están explicando cosas, y dificulta el entendimiento. Hay que decir muy brevemente que la elipsis es un recurso narrativo y muchas veces se ocupa con fines simbólicos, y consta de cómo en la narración hay un salto de tiempo y/o espacio que hace que se economicen tiempos muertos no narrativos. Estrictamente en su esencia es la base del montaje pero no necesariamente se denomina elipsis a toda secuencia de fotogramas que extraen un tiempo y espacio parcial al que veríamos en la vida real, ya que ahí también entran otros recursos.

No quiero ser extenso ni aburrir, por lo que trataré de centrarme en algunos puntos que me han parecido importantes y así se los he mencionado a mis amigos con quien vi la película en esos momentos.

Partiré advirtiendo que olvidaré por un momento la filmografía de Kitano, no creo que sea necesario, -aunque para un comentario mayor resultaría ineludible hablar de sus otras obras-, básicamente por motivos de extensión.

Una vez concluido el film surgieron las interrogantes y el diálogo fue espontáneo. Los aspectos recurrentes fueron los siguientes: ¿Cuál es el objetivo del material aparentemente simbólico?, La importancia del color, lo sincrónico del título, la interpretable potencia del mensaje, entre otros aspectos.

Creo que es más fácil partir como Kitano ha hecho la narración. Primero desde una obra de marionetas o Teatro Bunraku , que por cierto narran historias de desamor. Kitano no oculta la manipulación, observación y dirección de dichas marionetas en la obra que inicia la película por parte de los hombres. Muestra las marionetas como instrumentos manejables con los cuáles relatar una realidad. Concluida la obra esto cambia. En una delicada complicidad estas marionetas se independizan del hombre y parecen escudriñar, observar e interpretar nuestro mundo. El mundo real, el mundo cotidiano, lo que con el correr de los minutos no sería tan distante a su propia condición, destinos y existencia como marionetas. Todo esto en las primeras secuencias de la película.

El concepto de marioneta es vital para entender el film, así lo entiende Sabines en su poema. Somos un títere de algo superior, algo que nos niebla, domina, extrema y embriaga, algo que, tanto en ojos de Kitano como de Sabines, no es romántico como muchos piensan, sino desgarrador. Una condena de quien ama a no poder independizarse de ese amor, anularse como ser individual, ser parte de algo dejando de ser lo que se era. Si agregamos a esto la condición del tiempo, donde por definición en el amor es infinita mientras que para nosotros, seres finitos, tiene restricciones; entramos en un conflicto donde el ego juega un papel sumamente destructivo y voraz, tal como se grafica en cada episodio del film.

La película cuenta 3 historias de amor y muerte, pero extrañamente no de desamor que es el ingrediente primordial para caer en ese casi cliché romántico que nos tiene acostumbrado el cine, y a su vez, la vida. Kitano se salta –o al menos interpreta- el enamoramiento. Muestra la fuerza infinita del amor, que en seres finitos suele ser destructiva cuando está mal enfocada. Allí se cae en la paradoja de no poder contener lo incontenible y el costo que se juega en ese intento.

Es esa indefensión ante tal sentimiento la que se expresa a través de la muerte. Lo peor es que se cobra desde la propia esencia de los personajes: quien mata por una bala muere por otra, quien evita muertes en la ruta muere en una… Quizá la condición necesaria para burlar esta “muerte” es el convencimiento de la infinitud, que en el film es graficada en el concepto de “locura”. Sabines dice que “los amorosos no pueden dormir”, de hacerlo se lo comen los gusanos. Lo que quiere decir es que ante el amor no se puede permanecer pasivo ni contemplativo, ni reducir el sentimiento de “lo amable”, es más, se debe acrecentar en proporción al amor de lo que se ama. Y esto matemáticamente es imposible, no tiene lógica, no es posible desarrollar un sentimiento infinito para seres mortales. Sin embargo, eso es posible tanto para el amor como para la locura, por lo mismo estos “mendigos encadenados” no mueren, sino que quedan suspendidos ante el fin de los tiempos, el fin de un largo camino en la inmensidad. Suspendidos, ya que no pueden viajar más, ni tampoco pueden morir, aunque tampoco puede llamarse vida la que viven.

Es algo extrañamente notable como Kitano ha desarrollado la singularidad de que en el amor hay mucho de todo: Muerte, vida, maldad, bondad, riqueza, penas, odio, infortuna, obsesión, culpas, etc…

Los invito a revisar un poco la parte de simbolismos presente. En primer lugar el concepto de “mendigos encadenados” es sumamente lógico para lo anteriormente explicado. Son “mendigos” ya que en ese minuto de sus historias ya no pueden amar más, mendigan lo que no tienen. Ël deja todo por partir con ella, y ella deja todo por sentirse abandonada. Es entonces cuando la “cadena” adquiere sentido. En la creencia oriental lo atado con un cordón rojo es sinónimo de fidelidad incondicional e irracional. Sus almas están unidas en perpetuidad.

En la antigüedad esta práctica se representaba en la creencia que los amantes tenían unidos sus meñiques con este hilo rojo, lo que los hacía uno. Si algunos de los cónyuges moría, en muchas ocasiones su pareja se cortaba el meñique en señal de fidelidad eterna. Esta relación histórica se ve graficada y mucho más acentuada en la historia. Es por ello que concluido el film ellos sólo penden del hilo. Sólo los sostiene la entrega irracional al amor, allí se vive ese momento mágico en donde el amor es locura y la locura es el amor.

El tránsito por las estaciones es la mejor forma de representar un ciclo de vida, una vida, que en este caso, no tiene muerte pero tampoco se constituye como algo cíclico. Para el amor no existen ciclos ya que un ciclo es repetir un patrón y eso es estancamiento. Las estaciones son el contrapunto, la manera más formal de introducirnos desde una lógica lo que no es entendible ni definible: sus conductas, vidas y sentimientos a lo largo del film.

Existen muchas cosas que destacar y relacionar. Por espacio y tiempo creo que sería largísimo. Pero puedo mencionar algunas interrogantes que se dieron entre el grupo que vimos la película esa vez. Puedo decir que causó una profunda intriga qué podrían constituir las figuras angelicales. La verdad es que es un material simbólico simple pero potente por lo que a veces cuesta distinguirlo y darle un sentido. La figura del ángel a menudo es vista como la salvación, la compañía o el respaldo, luego al ser 3 ángeles los que se presentan en las secuencias no son más que los 3 amores narrados en este film. Es por ello que una vez que el protagonista toma la decisión tácita de iniciar su peregrinar con su amada finalmente aparece uno sólo, que es la constitución de que esta vez ha llegado su ángel que la ayudará y guiará en su camino salvador –aunque no necesariamente lo sea- de ese amor. Donde la “salvación” tiene a su vez una fuerte carga de liberación.

Aún queda mucho que hablar pero creo que lo medular ya está dicho. Como Sabines, Kitano no habla del amor conyugal, sino habla del propio amor. El amor que no tiene sentido moral ni humano, un concepto abstracto e infinito que sólo los locos pueden vivir y comprender, que en labios del poeta son “los amorosos”.

Resumiendo un poco, el film muestra cómo quien diga amar, debe olvidar la muerte, la salvación, el ego, el mundo, el tiempo, incluso el objeto amado, porque el amor parece ser rencoroso y cuando el objeto amado desaparece, suele cobrarse revancha haciendo que el hombre adquiera dimensiones autodestructivas, que es precisamente el motivo del porqué el protagonista vuelve con ella luego de un frustrado suicidio.

Es un film absolutamente no-romántico, descarnado y desgarrador, muy a lo Kitano pero desde una faceta mucho más poética. Es como leer a Sabines cuando habla de muerte o amor; se sabe que suele tener un gusto profundamente amargo, pero es bello sentir ese sabor.

publicado por Pablo Elizondo el 22 enero, 2010

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