muchocine opiniones de cinedesde 2005

La cinta blanca

Hablar de la nueva película de Michael Haneke no es nada fácil. El alemán, ingeniero de los pasajes más oscuros de la perversión humana, alcanza su cénit cinematográfico diseccionando con una envidiable delicadeza el origen del mal en los diferentes estamentos de la sociedad rural retratada.

La cinta blanca tiene lugar en las profundidades de un pequeño pueblo alemán, allá por el 1913, en las puertas de la I Gran Guerra. En el poblado, del que no dudo que encajase en cualquier punto de la geografía española de aquella fecha, los habitantes desarrollan sus vidas en medio de una calma aparente que pronto se verá alterada por una serie de trágicos accidentes frutos de la casualidad o de una invisible mano ejecutora. El encargado de guiarnos a lo largo de la historia es el maestro de la escuela. Narrando desde el futuro con una turbadora voz en off las miserias de aquel polémico periodo. Obligada visión en V.O.

Sin prisas, haciendo acopio de su ritmo lento y pausado, no apto para todos los públicos, nos introduce de manera hipnótica, poco a poco, en los rincones más oscuros de todas las viviendas. Hogares donde no se cuestiona la figura paterna y la indisciplina o la desobediencia se pagaban con un precio muy elevado. Partera, barón, doctor, pastor, profesor, criados… un amplio abanico de las diferentes clases que configuran un régimen autoritario del que nadie sale beneficiado, en especial, los niños. Absorbentes esponjas en los primeros años de vida, forjan un carácter marcado por las decisiones erróneas tomadas por sus progenitores. Polémico tema el de la educación y respeto, propiciando un adoctrinamiento de los incultos e inocentes que favorecería el alzamiento de un sistema político basado en los mismos principios.  

Haneke, totalmente recuperado de la extraña apuesta e innecesaria adaptación “fotocopia” yankee de Funny Games, juega a ser un Dios castigador en un poblado enfermo, donde él decide el destino de cada uno de sus habitantes. Con total libertad de expresión y movimiento muestra lo justo para crear esa incertidumbre en la que viven inmersos unos actores extraordinariamente humanos, traspasando la barrera de la ficción, acercándose a una palpable e incomoda realidad. Acertando plenamente en la delicada elección de figurantes que tuvieran rostros parecidos a los de aquella época. 7.000 niños pasaron por el casting en seis meses. Y es que sen pulen cada uno de los detalles para dar credibilidad a una comunidad propia de una novela, digna de un pasado con vida.

La dirección y montaje sobrio, sin la necesidad de usar trucos efectistas y videocliperos, logran que nos olvidemos de la presencia de una cámara, transmitiéndonos la sensación de viaje espacio-temporal, con un justificado uso del blanco y negro, nos traslada a otra época, formando parte del lugar, siendo uno de ellos. Desde La lista de Schindler no experimentaba nada parecido. Aun sigo preguntándome como es posible dirigir secuencias tan largas con actores novatos que no recitan de memoria, todo lo contrario, sus palabras brotan de manera espontánea en diálogos profundos y extensos. Dando la sensación de hallarnos ante un documental con un guión tan trabajado que nos hace dudar de su existencia. Todo un obsequio para la narrativa. Toda una lección de historia.

La cinta blanca que da nombre al film, es el castigo que sobrellevan aquellos niños que han pecado, evocando a la pureza, la inocencia de la inmadurez, obligándolos a no caer en el olvido. Instaurando así el germen del odio, la culpa, en una generación cohibida por el yugo del fascismo, la tiranía. Condena alegórica, clasista, que años después se transformarán en estrellas de David o esvásticas nazistas. Rememorando uno de los momentos más despreciables de la historia reciente en el que la religión y la falsa moral desempeñaron un papel tan influyente.

Que valor, dejar en un segundo plano a la banda sonora, que sin echarla en falta aparece de manera dogmática en determinadas ocasiones. La belleza visual que rodea a este inclasificable monumento histórico no la necesita, contando con una elaboradísima dirección artística e impecable fotografía, recordando al gran Ingmar Bergman. Obsequiándonos con planos fijos, largas secuencias y momentos para el recuerdo; El niño que pregunta sobre la muerte, el velatorio, el padre que coacciona al hijo para que reconozca el pecado de la masturbación, los cambios estacionales, la confirmación… etc… etc..

Hay tantas metáforas y temas a comentar en La Cinta Blanca que podríamos escribir una tesis; machismo, adulterio, tradición, la corrupción de la infancia, pederastia, castigo, inocencia, el miedo a la muerte, la ignorancia, el abuso de la autoridad… pero sobre todo destacaría una llamada de socorro al preocupante sistema educativo de las jóvenes generaciones que conforman el zeitgeist moral de generaciones venideras. Se nota que el director estudió filosofía y psicología en la universidad de Viena.

Una terrible historia que ha arrasado en todos los festivales en los que se ha proyectado. Merecedora de todos los premios que la encumbran en su meteórica carrera hacia la preciada estatuilla. El Oscar. Un reconocido clásico moderno al que no le faltan detractores, sin ofender, no se hizo la miel para la boca del asno. Por favor, no paguen justos por pecadores.

Demos gracias al Señor… Haneke

 

Lo mejor: Inmejorable retrato de una sociedad en declive ideológico. La relación causa-efecto. Que de tanto de que hablar y sea tan polémica. El hueco dejado para la reflexión e imaginación. Digna de estudio en las escuelas.

Lo peor: Si hubiera conseguido transmitir todo esto en color estaríamos arrodillándonos ante una redonda obra maestra.

 

Nota: 9,5

Lo mejor: Inmejorable retrato de una sociedad en declive ideológico. La relación causa-efecto. Que de tanto de que hablar y sea tan polémica. El hueco dejado para la reflexión e imaginación. Digna de estudio en las escuelas.
Lo peor: Si hubiera conseguido transmitir todo esto en color estaríamos arrodillándonos ante una redonda obra maestra.
publicado por Ñete Rodriguez Peña el 26 enero, 2010

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