Viernes 13

Ante semejante título, uno sólo puede pensar en el mítico asesino de la máscara de portero de hockey, o en cierto dúo cómico español. Y ni una ni otra. La primera película de la longeva saga (hasta el momento se han realizado 9 secuelas, un crossover con Freddy Krueger y un penoso remake made in Michael Bay) supone el inicio de una era. El comienzo de los maravillosos años 80 y de una nueva forma de hacer cine de terror, alejado de sutilezas y fueras de campo. El principio de una saga asociada a una época, y del slasher, que aquí empezó a cobrar protagonismo, pese a haber nacido años atrás, con Navidades Negras y La Noche de Halloween. Y aunque el asesino aquí no sea el del resto de secuelas (no delataré nada por si hay algún despistado o alguien que ha despertado recientemente de un coma), este filme constituye el nacimiento de un icono pop del género (el asesino Jason Voorhees).

El argumento, simplón como pocos, es conocido por cualquiera, incluso aunque no haya visto ninguna película de la franquicia: un grupo de jóvenes se dispone a reabrir un campamento, cerrado años atrás después del asesinato de una pareja. Todo parece girar en torno a la historia de un niño deforme y retrasado, que falleció ahogado en susodicho lugar, mientras los monitores que deberían estar vigilando, jugaban a los médicos. Y es aquí donde entra en juego el esquema del slasher: presentación de los muchachos a degollar, caza por parte del asesino de turno y enfrentamiento con la final girl, una vez que conocemos la identidad del villano del cuento.

Está claro que todo es sencillo, pero la obra tuvo un tremendo éxito, que generó todo tipo de merchandising, desde juguetes hasta videojuegos. También dio como resultado miles de copias durante la década, con ligeras variantes, pero dando a conocer el argumento del asesino de adolescentes cachondos, y poniendo de manifiesto que los campamentos son lugares perfectos para ambientar un largometraje de estas características.

La realización es bastante plana, los diálogos son sosos y los personajes, inexistentes. Pero a su favor, cuenta con unas ingeniosas y sangrientas muertes no vistas hasta el momento (mítica la flecha que atraviesa el cuello de un joven Kevin Bacon, tumbado en la cama), una oscura ambientación, una música atrayente (a pesar de copiar la pieza de La Noche de Halloween), y un final que ha pasado a la Historia del género.

Su director, Sean S. Cunningham, sólo ha vuelto a dirigir un par de veces más, aunque fue productor de otras entregas de la saga y de la ópera prima de Wes Craven: La Última Casa a la Izquierda.

Vale, no es la peli de horror del Siglo, pero es entretenida (aunque superada por otras secuelas) y siempre viene bien conocerla, para aprender su legado. Por cierto, que viernes 13, en los USA, es el día de la mala suerte. Por si acaso.

http://elcementeriomarchoso.blogspot.com/

publicado por Mario Parra Barba el 7 febrero, 2010

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