muchocine opiniones de cinedesde 2005

La presencia de una princesa medio árabe, medio occidental, consigue darle un empujón a la película para situarla por encima de otros productos de serie B de la época. Me refiero a la aparición estelar de Gene Tierney.

★★☆☆☆ Mediocre

Cuando muere el dÍa

Sundown, realizada en 1941 por Henry Hathaway, cuenta una historia contemporánea que se desarrolla en la Segunda Guerra Mundial con África como escenario. La cinta obtuvo tres nominaciones a los Oscar: la de mejor dirección artística, mejor fotografía y mejor música a cargo del prestigioso Miklos Rozsa (no ganó ninguno, los dos primeros se los llevo Que verde era mi valle, la gran triunfadora). Una película de corte colonialista -una de las especialidades de Hathaway, sus películas más recordadas proceden de ese subgénero de aventuras, pensemos en Tres lanceros bengalíes o La jungla en armas, todas ellas rebosantes de ritmo- que promete entretenimiento de altura, pero que no cumple debido a que la acción se hace esperar demasiado, a que el protagonista es poco carismático (Bruce Cabot) y a que sobra el grandilocuente final.

Pero aquí primaba la propaganda bélica, y la opción de los productores de apoyar la intervención de Estados Unidos en la contienda era habitual. Por ello la trama era bien distinta a aquellas otras cintas propias de las sesiones dobles de los sábados por la tarde. En este caso un destacamento británico tenía que evitar que los nazis suministraran armas a los nativos y así apoyar una sublevación contra los ingleses. Para conducir la historia, Hathaway toma la decisión de hacer prácticamente dos películas en una (quizás esa sea la causa de la ausencia de ritmo) y divide la acción en una subtrama de espionaje y otra más propia del género de aventuras.

La presencia de una princesa medio árabe, medio occidental, consigue darle un empujón a la película para situarla por encima de otros productos de serie B de la época. Me refiero a la aparición estelar de Gene Tierney. Su belleza exótica la encasillaron, en esos primeros años de carrera, en papeles de mestiza misteriosa y mujer inalcanzable. Desde luego lo era para los espectadores de la pantalla (inalcanzable) que debían soñar con ella en esos oscuros días de conflicto mundial. En esta cinta y en la siguiente que rodó ese año (El embrujo de Shangai, de Joseph Von Sternberg) estaba preciosa; su mirada felina y los rasgos orientales fueron determinantes para conseguir superar el casting frente a otras candidatas. Y nosotros nos alegramos de ello, porque gracias a estos papeles pudimos verla en obras maestras como Laura o Noche en la ciudad.

Gene Tierney se encontraba secundada de un grupo de actores que no llegaron nunca a brillar como ella: aunque George Sanders estaba perfecto como oficial británico ordenancista y rígido, Bruce Cabot, el verdadero protagonista de la historia, no convence como héroe. Y eso que estaba muy bien rodeado por otros secundarios de lujo como Sir Cedric Hardwicke o Harry Carey (protagonista legendario de los primeros western de John Ford). Todos ellos cerraban una película coral destinada a entretener al público y a que éste apoyara la causa aliada.
publicado por Ethan el 22 abril, 2010

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