muchocine opiniones de cinedesde 2005

Todos quienes vimos esta aventura visual y de un lirismo exquisito quisimos ser el explorador húngaro, el enigmático Ralph Fiennes; yo hasta me compré los libros de Historia, de Heródoto.

★★★★☆ Muy Buena

El paciente inglés

Me ha sorprendido no encontrar ninguna crítica escrita sobre El paciente inglés. Me resulta difícil escribir acerca de un libro o una película que me hayan gustado mucho. Como es el caso. Con este tipo de obras hay que dejar pasar algunos años para poder ser mínimamente objetivo. Y aún así cuesta. Cuesta tanto que no me veo capaz de decir grandes cosas, sino que prefiero que lo hagan otros cuya pluma a buen seguro será más certera y acreditada.

Sólo puedo expresar que cuando una película tiene en su haber el Oscar a la mejor dirección, a la mejor actriz de reparto, mejor banda sonora, mejor fotografía, mejor diseño de vestuario, mejor dirección artística, mejor montaje, mejor sonido y, para rematarlo, mejor dirección, amén de otros tantos galardones como, por ejemplo, 2 Globos de Oro, vale la pena sentir un poco de curiosidad.

Es una producción de esas que o se ama o se detesta. Los hay quienes la adoran con pasión, y quienes dicen que es larga y aburrida. Posiblemente, haya que verla en el momento adecuado y en la edad idónea. Personalmente, la vi hace muchos años, cuando se estrenó, y llegué a ir al cine hasta siete veces para volver a disfrutarla. Después me compré las cintas en VHS (ocupa 2 cintas enteras) y la vi muchas veces más.

Hoy no creo que me agradara, pero a los veintitantos años, cuando el amor es cruel y la vida todavía parece una ciénaga que nos va tragando poco a poco mientras decidimos qué hacer con nuestra vida (si abandonar los estudios, si suicidarnos o si marcharnos de casa), esta película nos sacude a la cara con un tremendo efecto de romanticismo, tristeza y poesía. Es entonces cuando hay que verla, cuando crees que todo eso te ha pasado a ti, o te tendría que haber pasado a ti. Piensas en irte a África a vivir las desventuras del Conde Almásy, aquel hombre carbonizado y sin ningun pasado (¿Tengo arena en los ojos? Quíteme la arena de los ojos.)

Todos quienes vimos esta aventura visual y de un lirismo exquisito quisimos ser el explorador húngaro, el enigmático Ralph Fiennes, y yo hasta me compré los libros de Historia, de Heródoto, entre cuyas páginas guardé fotos, poemas, citas, intentando remedar el inflamado misterio de un pasado que jamás existió. Y sí, también me atreví a susurrar:

-Amor mío, volaré sobre las suaves dunas hasta venir a buscarte a la cueva de los nadadores.

Después, había que comprar un dedal y buscar en el cuello de nuestra amada el Bósfor de Almásy. 

Recomendada, ¿…a quién? Pues no solamente a los sensibleros que, a mucha honra, lloraron con Los puenes de Madison, sino a todo joven (o no tan joven) que quiera vivir de pronto un amor último, una hazaña sentimental imposible y abocada a la tragedia; a todo aquel que quiera encontrar un mito, uno de esos ídolos a seguir y que no llevan nunca a ninguna parte, pero que nos hacen vernos a nosotros mismos como una persona irresistible y única. Una película para llorar, soñar, meterse de lleno y despertar como de la más bella de las leyendas. 

publicado por Francesc Canals Naylor el 3 mayo, 2010

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