Corte de pelo perfecto, cara aniñada, siempre metiéndose en líos, él era el chico elegido al que todos queríamos parecernos.

★★★★☆ Muy Buena

De pelo en pecho

Me encanta hacer este tipo de críticas sobre bagatelas de los 80. Esa década maravillosa que reivindicamos tanto quienes a la sazón éramos adolescentes. ¿Serán tan pesados reivindicando sus épocas juveniles los que ahora son unos pollos? Parece ser que no. Pero los que vivimos esa edad de oro ahora la amamos con añoranza, no la olvidamos: jugar al Quién es quién; el hacer un teléfono cutre con un hilo y dos yogures; mascar chicle Boomer con la pandilla (¡en la calle!) vestidos todos con chándal de esos que también lucían los drogadictos; destrozar playmobils o, ¡sí!, ir al cine y ver una de Michael J. Fox.

Él era el eterno adolescente, el chico de familia respetable que se rebotaba, sin pasarse demasiado, contra los carcas de sus padres. Él era quien sabía ser seductor tartamudeando con las manos en los bolsillos y atusándose nerviosamente el pelo. Representante sin igual de esa década adornada con melodías de The Cure, Madonna, Michael Jackson o The beach boys. Corte de pelo perfecto, cara aniñada, siempre metiéndose en líos, él era el chico elegido al que todos queríamos parecernos. Si ibas a la peluquería te daban ganas de decirle al barbero: hágamelo igual que al protagonista de Regreso al futuro. Por cierto, ¿saben nuestros hijos que si la moda de hoy dicta llevar la camiseta por fuera es porque así lo inventó este simpático chaval que se desplazaba en monopatín?

Y con esta cinta de Rod Daniel también nos encandiló… De hecho, es una chorrada de película. Analogía del adolescente que sufre una metamorfosis en su cuerpo. Al principio se asusta, pero después comienza a encontrarle el gustillo a eso de estar cambiando. Como digo, pura analogía de los cambios de la edad del pavo. En la historia aparecían dos féminas: la rubia y la morena. La rubia quería estar con Fox por amor a la popularidad, mientras que la discreta Susan Ursitti era la de corazón puro, la que estaba de veras enamorada del licántropo adolescente. No obstante, para qué mentirnos: ¡Muy verdes en cuestiones de ética moral, todos nos volvíamos locos por la rubiaza! Máxime en esa escena en que se queda en sujetador, provocando temblores bochornosos en el chico. ¡Qué recuerdos!

Joya de los 80, un clásico que hoy día puede causar cierto estupor, pero que había que visionarla cuando apareció en los cines. Lo mejor de todo, J. Fox y, antes que nada, el tener 13 años en el momento de verla. Imposible calificarla según el patrón de los cánones actuales, donde la mayoría de películas llegan corrompidas por una gélida digitalización. La era pre-internet era otra cosa.

publicado por Francesc Canals Naylor el 11 mayo, 2010

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