muchocine opiniones de cinedesde 2005

Adolescentes ultraviolentos en pijama.

★★★☆☆ Buena

Kick ass

Mi apretada agenda me ha obligado a ver Kick-Ass, lo último en adaptaciones cinematográficas sobre comics de superhéroes, en dos sesiones, lo curioso del caso es que no he podido tener percepciones más opuestas. Después del fiasco que supuso Wanted (2008), aquella vulgar película basada también en un cómic de Mark Millar, los primeros minutos de este filme me parecieron sobrecogedoramente amorales y gamberros. La cinta goza de un ritmo endiablado, de una buena puesta en escena, de una violencia grotesca que no había vuelto a ver desde Pulp Fiction (1994), porque produce ese tipo de efecto en el que asistes a una matanza, llena de apuñalamientos y desmembramientos, mientras se dibuja en tu cara una sonrisa de oreja a oreja. Y además parecía la adaptación perfecta, fiel al espíritu del cómic original y poseedora de una buena cinemática. Matthew Vaughn tenía entre manos un proyecto capaz de atestarle una sonora bofetada en la cara a Zack Snyder y su Watchmen (2009).



«Ya está aquí»– me dije, – «la película que hará que las demás cintas de acción de este año parezcan salidas del pleistoceno y que redefinirá el concepto de blockbuster para el nuevo milenio». Pero lamentablemente Kick-Ass, la película que no el cómic, se vuelve más asequible y menos transgresora a medida que avanza el metraje, domesticando su trama hasta desembocar en un clímax final demasiado en sintonía con los valores establecidos. De nuevo el pop de derribo había sido convertido en mainstream, como también sucedía con la ya mencionada Wanted (2008). Si hay alguna lección que aprender de todo esto es que cuanto más popular es un arte, más lentos son los mecanismos para su desarrollo, o lo que es lo mismo, que el cómic hoy en día es mucho más valiente y provocador que el cine.


Para no caer en equívocos aclararé que el filme en conjunto resulta bastante equilibrado, y que mi percepción y mis expectativas se deben básicamente a dos motivos extra cinematográficos. El primero y fundamental es haber leído el cómic, la obra de Mark Millar y John Romita Jr. puede no ser perfecta, ni mucho menos, y sin duda una adaptación cinematográfica de esta índole necesitaba cambios y simplificaciones, pero conociendo el material original a uno le es fácil adivinar cual modificación ayuda a la historia y cual es una mera concesión de cara a la galería, algo con lo que todo lector deberá lidiar al enfrentarse al filme. El segundo motivo es que soy bastante impresionable y la película es una fardada que empieza muy fuerte. Me comentaba mi compañero de blog, el jefe Dreyfus, que la ves con quince años y flipas, y sin duda un servidor tiene algo de quinceañero cuando se pone delante de una pantalla. Pero mi queja no es que la película no tenga momentos alucinantes a lo largo de todo el metraje, que haberlos haylos, sino que su potencial de perversidad y fascinación en un principio apuntaba a cotas más altas.



La trama nos narra las aventuras de un friki que decide emular a sus héroes de ficción adoptando una identidad secreta como justiciero enmascarado, y el filme básicamente puede tomarse como una revisión paródica y realista de los cómics de Spider-Man, donde la auto-referencia y el metalenguaje quedan siempre implícitos. Hay una escena en que el protagonista menciona que «sin poderes no hay responsabilidades», deformando así la popular sabiduría del tío Ben. También señalábamos en el primer párrafo que el filme tiene algo de Tarantino en su manera radical de gestionar la violencia, pero además las escenas de acción adquieren tintes excesivos al estilo Matrix (1999), tal y como manda el signo de los tiempos. Y aunque esta fantasía adolescente tiene innegables pretensiones realistas, no es la exageración lo que juega en su contra, sino el hecho de que poco a poco se va asentando en los mecanismos del género y adentrándose en la ficción pura y dura, hasta producir cierto alivio ingenuo en el espectador, cuando lo que éste desea son más agallas.


A pesar de todo la cinta dispone de varios momentos impactantes, una ácida combinación de ultra violencia y humor, múltiples referencias a la cultura pop, un lenguaje obsceno, adolescentes en pijama combatiendo el crimen y una pequeña psicópata de tan solo trece años (Chloë Grace), elementos que harán las delicias de más de un aficionado, por lo que solo resta felicitar a Nicolas Cage. El actor, después de su absurda aventura con El motorista fantasma (2007) y de aquel intento fallido de interpretar a Superman a finales de los 90’s (demos gracias a Dios de que el proyecto no prosperara), por fin ha logrado participar en un filme de superhéroes entretenido y con carisma, pero que pudo ser mucho, mucho más.

La frase: «De todos los millones de personas a las que les gusta los Súper Héroes, uno pensaría que alguno lo intentaría.»
Lo mejor: Su amoralidad.
Lo peor: Que el cómic resulte mucho más transgresor.
publicado por Cecil B. Demente el 15 mayo, 2010

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