Una secuela bastante pobre que dilapida gran parte de los aciertos de la primera parte y contradice sus propias reglas. La oveja negra de la saga al ser comúnmente ignorada dentro del cánon de Freddy

★★☆☆☆ Mediocre

Pesadilla en elm street 2: la venganza de freddy

Tras el éxito de la primera Pesadilla en Elm Street (1984) estaba más que cantado que lo que se abría ante nosotros era otra muy rentable franquicia de cine de terror. New Line Cinema, a la que Freddy levantó prácticamente sin ayuda por aquellos tiempos, se lanzó al reto y al año siguiente ya teníamos la primera secuela. Dicho esto, Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy (1985) es una película bastante pobre que dilapida gran parte de los aciertos de la original, hasta el punto de que es bastante ninguneada incluso por la mayoría de los fanáticos de la saga. Fue una secuela lamentable hecha a toda prisa y eso se nota en muchos momentos.

Para empezar, esta nueva película rompe con las reglas ya establecidas por la primera parte: Freddy Krueger, quien sólo aparece en 13 de los 88 minutos que dura la cinta (casi todos al final) , ya no mata a los adolescentes en sus sueños, sino que se vale del cuerpo de un joven llamado Jesse Walsh, que ha cometido el error de mudarse a la casa donde ocurrieron los eventos de la primera película. El famoso asesino de Springwood empieza poco a poco a poseer al joven y a manifestarse a través de su forma física, en la esperanza de que la creciente demencia de su víctima le permita regresar al mundo de los vivos. De esta manera la película se aleja de los esquemas trazados por Wes Craven (quien dicho sea de paso siempre se opuso a que su cinta se convirtiera en una franquicia) para ahondar en una trama de posesiones diabólicas mezclada con el arquetipo del Dr. Jekyll/Mr. Hyde, una que inventa sus propias reglas para luego contradecirlas.

Lo que sí es cierto es que la primera escena de la película, en la que Jesse tiene un sueño premonitorio que anuncia el regreso de Freddy Krueger, es grandiosa y perfectamente heredera del estilo de Pesadilla… Es una desgracia que ninguna escena posterior alcance ese grado de calidad. De hecho, la película abandona gran parte del característico surrealismo de la saga y hace las matanzas de Freddy más "realistas" (casi todas las víctimas mueren apuñaladas por su ya icónico guante de cuchillas) y la pereza narrativa del argumento se deja ver en escenas francamente risibles como la esperpéntica secuencia de los periquitos o el momento en que la novia de Jesse lo "anima" para que luche contra la maligna influencia que lo posee (esto resulta harto inverosímil, además, puesto que esta chica no ha visto ninguna manifestación de Krueger y por lo tanto no tiene razón para creer al joven). Abundan también efectos de sonido tremendamente patéticos como la voz reverberante de Freddy o los cantos de ballena (no, de verdad) que acompañan cada una de sus apariciones. Por cierto, otra cosa que aleja a esta secuela del resto de la saga es que es la única entrega que no hace uso del tema musical compuesto por Charles Berstein.

Ahora, claro que no todo es falto de interés. Con todo y lo insípido de sus elementos terroríficos y lo mucho que se aleja del estilo del resto de las películas, hay algo que destaca de Pesadilla en Elm Street 2 y que siempre sale a relucir, y es el fuerte subtexto homoerótico de varias de sus secuencias. Normalmente no doy mucha credibilidad a este tipo de lecturas, pero al verla recientemente se me ha hecho difícil no reconocerlo. No sería la primera vez ese mismo año que vemos dicho tema en el cine de terror (ahí tenemos la estimable Noche de miedo (1985), de Tom Holland), y eso en un década tan marcadamente conservadora como los ochenta no es poca cosa. Además reconozco otro detalle: esta es la última vez que Freddy estaría destinado a dar miedo, ya que las siguientes secuelas tenderían a convertirlo en el payaso con el que ahora (tristemente) muchos le identifican. Pero claro, ese es un tema para otro momento.

publicado por Hombre Lobo el 5 junio, 2010

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