muchocine opiniones de cinedesde 2005

Alternativa a los cursis vampiros en los que todos estamos pensando

★★★☆☆ Buena

Somos la noche (we are the night)


El cine alemán parece estar viviendo un buen momento de forma. Después de Oliver Hirschbiegel quien nos regaló la magnífica “El experimento”, la ilustrativa “El hundimiento” y debutó en Hollywood con la fallida “Invasión”, ahora es el turno de Dennis Gansel quien sorprendió hace un par de años con su controvertida “La ola”.
El director, con un presupuesto mucho mayor que el de aquella y adentrándose de lleno en el terreno de lo fantástico, nos arroja una historia de vampiros (vampiresas en realidad) que bebe de alguna de las mejores historias que sobre el tema se han llevado hasta ahora a la pantalla (“Entrevista con el vampiro”, “El ansia”,…).

“We are the night”, título original del film, comienza con una secuencia de gran potencia visual. La cámara recorre lentamente la cabina de pilotaje de un avión. El piloto está muerto. Continúa entonces por el pasillo mostrándonos a derecha e izquierda, en los asientos, cuerpos de pasajeros y personal de a bordo, todos ellos muertos con manchas de sangre y heridas en sus cuellos. Al fondo, vemos moverse las piernas envueltas en calentadores fucsia de una joven. Finalmente la cámara se detiene en una pasajera viva. Es otra mujer y lee tranquilamente un libro. – No debiste matar al piloto – le indica una tercera mujer, algo más mayor, a la que movía las piernas y que ahora podemos identificar como la más joven y alocada de las tres. Seguidamente abren la escotilla del avión provocando la despresurización y mostrándonos desde el cielo una oscura y bella estampa de Berlín en plena noche. Sin más, saltan del avión.

A pesar de tan poderoso inicio, “Somos la noche” no deriva hacia una película de vampiros y acción al estilo “Blade” ni a una de terror tipo “30 días de noche”. Las vampiras protagonistas de la película son seres tristes y decadentes a pesar de su aparente grandiosidad, perseguidas sin descanso por la muerte que ellas mismas buscan de forma indirecta poniéndose constantemente en evidencia (como cuando una de ellas se apaga un cigarro en el ojo en un restaurante ante la mirada de la pareja de la mesa contigua que le había llamado la atención por fumar), o empeñándose en contemplar el amanecer hasta que sus cuerpos comienzan a humear. Perdidas en la eternidad a la que han sido arrastradas tratan de combatir el tedio manteniéndose siempre a la última y disfrutando de los placeres más inmediatos, tratando así de camuflar la gran carencia que todas sufren: el amor.
Es precisamente la falta de un afecto verdadero el que impulsa a la líder del grupo, la más vieja, a mantenerse siempre al acecho, buscando una nueva chica que incorporar al grupo que ocupe el vacío al que siempre se ve abocada, era tras era. Algo que recuerda mucho a la aflicción que sentía el vampiro Armand (Antonio Banderas) en “Entrevista con el vampiro” y también la vampiresa que interpretó Catherine Deneuve en “El Ansia”.
No se trata pues de muchachas adolescentes debatiéndose en una crisis púber entre si les va más la languidez emo de un vampiro sosaína o la rudeza impostada de póster de tienda de moda de un aspirante a líder de la manada. No es una película con un target de público concreto (más allá de aquellos que van a ver cualquier cosa en la que aparezcan colmillos hundiéndose en cuellos ajenos) y sus momentos de violencia son tan escasos como lights para lo que hoy se acostumbra.
Pero además, “Somos la noche” también contiene una idea arriesgada y transgresora en cuanto al mundo de los vampiros. Cuando la líder del grupo es preguntada por la nueva incorporación acerca de la existencia de otros vampiros en el mundo, ella le contesta que apenas quedan cien en todo el planeta y que todos son mujeres, ya que ellas mismas, cansadas del ruido y la molesta presencia que hacían los vampiros masculinos, los mataron a todos.

¿Qué opinará de esto nuestra ministra de igualdad?

Bromas aparte, por si todo lo expuesto fuera poco, la película destaca también por su excelente ambientación que se desarrolla entre las oscuras calles del Berlín nocturno, los fastuosos clubs exclusivos de la ciudad donde las vampiras disfrutan de la música de moda, y algunos lugares emblemáticos en decadencia, siguiendo la famosa máxima del cine que dice “el exterior debe reflejar el interior”.

Lo curioso de la película es que la historia en si no es nada que no hayamos visto antes y su recorrido se ve venir desde que tiene lugar el punto de giro. [SPOILER] Lena, una carterista de poca monta es mordida por una vampira que se obsesiona con ella por el brillo de sus ojos. Lena no tiene más remedio que tratar de aceptar su nueva vida pero un policía al que conoció cuando era ladrona comienza a complicar las cosas y pone en peligro su coartada y la de las otras vampiras, quienes por otro lado, se comportan de forma totalmente imprudente llamando constantemente la atención con asesinatos y demostraciones excesivas de poder. Cuando Lena sea obligada por la líder a elegir entre su nueva vida (lo cual incluye amarla a ella) o el policía del que comienza a enamorarse, los acontecimientos dirigirán la historia hacia un trágico final al que, en el fondo, todas querían llegar al sentirse seres desdichados transformados contra su voluntad [FIN SPOILER].

No me gustaría terminar esta entrada sin destacar además los fantásticos títulos de crédito de la película que, sin grandes efectismos y con música intimista, nos muestran en una composición de imágenes en lento fundido la historia de una de las vampiras protagonistas (la líder) desde la actualidad hasta su origen, empezando con fotografías actuales continuando con otras en blanco y negro y terminando al final por retratos y murales de época.
Una idea elegante que da la medida de una película que, sin ser perfecta, mantiene un equilibrio aceptable (y complicado) entre el espectáculo y la contención.
Lo mejor: Las secuencias en los clubes, el inicio en el avión y los créditos
Lo peor: Le cuesta encontrar algo nuevo que aportar al género
publicado por Javier Paez el 14 octubre, 2010

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