Los diálogos entre los protagonistas son lo mejor de la cinta. A medio camino entre los de la screw-ball comedy y los propios de Allen.

★★★☆☆ Buena

La maldición del escorpión de Jade (The curse of the Jade scorpion)

Me gustan los directores cinéfilos. Los que buscan cualquier excusa para volver a las cintas clásicas, a las películas que marcaron su infancia; en definitiva, a las raíces del cine. Woody Allen es uno de ellos. Viendo sus filmes uno se da cuenta en seguida del amor que siente por la profesión y el respeto que tiene por aquellos largometrajes de la época dorada —y no hablemos de las referencias continuas a la obra de Ingmar Bergman—. Alusiones al Hollywood clásico las tenemos en cada una de sus comedias. En algunos casos son directas (insertos de escenas), en otros la propia trama esconde algún matiz clásico; o más de uno (como La Rosa Púrpura del Cairo, Historias de la Radio, etc.). Era cuestión de tiempo que el realizador neoyorquino realizara una cinta que fuera un homenaje a todas ellas.

La Maldición del Escorpión de Jade es, por tanto, una parodia que se inspira en el ciclo negro estadounidense, pero también en la comedia de esos años. La trama descansa en los crímenes cometidos por un hipnotizador —la hipnosis: ¡menudo juguete en manos del travieso director!—. El mago consigue controlar las mentes de un detective de una compañía de seguridad (Allen) y una empleada de la misma aseguradora (Helen Hunt). Mediante este poder les obliga a robar a clientes de la propia empresa.

Sin embargo, es la guerra de sexos, declarada entre los dos protagonistas, la que verdaderamente gobierna la película. Es decir, Allen sigue con su criterio general de darle más importancia a las relaciones entre los personajes que a la historia en sí. El enfrentamiento entre Allen, un maduro detective que sigue métodos antiguos, y la joven Hunt, recién llegada a la compañía, con nuevas ideas en las que no encaja la actitud del primero, es el centro de la mirada del director. Los diálogos entre ellos son lo mejor de la cinta. A medio camino entre los de la screw-ball comedy y los propios de Allen, contienen la acidez necesaria para que nos acordemos de Wilder y Brackett, o de Chandler y Hammett, pero con el tono judío inconfundible de nuestro querido pequeño genio con gafas.


El filme se organiza, como decimos, a imagen y semejanza de las cintas que hacían Cukor, Hawks, La Cava o Leisen. Con las idas y venidas entre la pareja protagonista, que irremediablemente terminarán enamorándose por el camino. Aunque, en este caso, Allen opte por un final ingenioso donde juega con la ambigüedad del hipnotismo para redondear dicha estructura.

La trama se enriquece aún más con los dibujos de los personajes secundarios: el jefe corrupto que engaña a su mujer (Dan Aykroyd), pero que también hace lo propio con su amante; o la femme fatale típica del género (Charlize Theron), una despampanante rubia platino que no sale de su asombro cuando ve que Allen no quiere acostarse con ella —otra vez el director jugando con la hipnosis— son algunos de los caracteres que acompañan a la pareja protagonista.

Por último, destacar la música y la ambientación del filme. El primer elemento no es ningún descubrimiento, suele acompañar a las mejores comedias de Allen. El segundo, el decorado, es otro culpable directo de que nos acordemos de Luna Nueva o La Costilla de Adán, entre otras. Los pasillos de la compañía de seguros o el domicilio de la ninfómana Laura (Theron) las recuerdan especialmente. Dicen que es la película con mayor presupuesto de todas las realizadas por Woody Allen; no nos extraña. Sin embargo, vamos a atrevernos a ponerle una pega a la estética de esta divertida búsqueda del Escorpión de Jade: quizás habría sido más eficaz si se hubiera filmado en blanco y negro.
publicado por Ethan el 1 diciembre, 2010
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