La cámara incrustada en la maleza, casi inmóvil. Pendiente del mínimo movimiento hace que el espectador se sienta único observador de una escena contenida que relata una rutina. Esa es la magia de LA LIBERTAD: hacernos creer que todo surge de la espo

★★★★☆ Muy Buena

La libertad

Somos así.
Soñamos el vuelo, pero tememos las alturas.
Para volar, es preciso tener valor para afrontar el terror al vacío.
Porque es sólo en el vacío dondel el vuelo tiene lugar.
El vacío es el espacio de la libertad, la ausencia de certezas.
Pero es esto lo que tenemos: el no tener certezas.
Por eso cambiamos el vuelo por jaulas.
Las jaulas son el lugar donde las certezas viven.
[Rubem Alves]


En el panorama cinematográfico local argentino hay un joven director llamado Lisandro Alonso. Con sólo cuatro películas ha demostrado su valentía a la hora de filmar. Su cine transmite actitud, lejos de los clichés de circuitos comerciales y aptos para todos los públicos. Su cine es sinónimo de libertad.

Difícil pensar en cine independiente argentino, cuando los vaivenes económicos han llevado a mantener fórmulas de éxito, alentadas por la coproducción con otros países. Así que los que fueron alguna vez promesas, repitieron esquema y se convirtieron en esclavos de la industria. El cabo que nos queda para cerrar el círculo es la marginalidad de este cine en los canales de distribución y exhibición. Problemática común a otras cinematografías.

La filmografía de Lisandro tiene número: una película y una trilogía. La última es la película: LIVERPOOL (2008), y la trilogía está compuesta por: LA LIBERTAD (2001), LOS MUERTOS (2004) y FANTASMA (2006).

Dos características: presupuestos ínfimos como cine independiente y, por otro lado,  la ausencia de actores. Cada una de las películas es un viaje, desde los dos puntos de vista: la historia que se nos cuenta y, el espectador seducido por descubrir, penetrar en mundos que desconoce. Para ello, Lisandro trata de intervenir lo mínimo. Ritmo pausado, largos planos, ausencia de banda sonora, iluminación natural…una descripción visual minuciosa en ojos del espectador que, libremente, se introduce en ese mundo mostrado.

En LA LIBERTAD, se transita por la vida de Misael en la inmensidad del monte pampeano: trabajando con el hacha, sobreviviendo con lo indispensable y casi sin contacto con otras personas. Sólo un día basta para conocer a Misael y su soledad.
 

La cámara incrustada en la maleza, casi inmóvil. Pendiente del mínimo movimiento hace que el espectador se sienta único observador de una escena contenida que relata una rutina. Esa es la magia de LA LIBERTAD: hacernos creer que todo surge de la espontaneidad. Asistimos a un ejercicio cinematográfico singular. Y la primera película de Lisandro es su máximo exponente, híbrido entre documental y ficción.

Lisandro como autor, es honesto con su cine. No hay trampa ni cartón. Todo es vida. Búsqueda constante de identidad y convivir con la soledad. Las historias de los protagonistas de sus obras, son las mismas que la de su cine. Y es que, el precio de la libertad es que no te vean. Vagar como fantasma, alma en pena, por filmotecas, secciones paralelas de festivales anuales (como fue la presentación de sus dos primeros films en Cannes). Apariciones esporádicas, como espectro, en pantallas olvidadas. El precio del último cine de autor, siempre en extinción, siempre sobreviviendo en soledad, siempre en libertad. 
publicado por José Antonio Bermúdez el 7 diciembre, 2010

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