Clint Eastwood vuelve a demostrar que lo más importante en un producto cinematográfico es contar con una buena y eficaz narración. Muy recomendable.

★★★★☆ Muy Buena

Invictus

Clint Eastwod sigue siendo sin lugar a dudas y con una extraordinaria vigencia, uno de los mejores narradores que la industria cinematográfica estadounidense posee hoy en día. Sólamente si investigamos un poco de su filmografía como director desde el 2003 hasta la fecha, nos daremos cuenta de la enorme calidad que han tenido sus últimas producciones. Por estos años han pasado excelentes filmes como “Río Místico”, “Million Dollar Baby”, “La Conquista del Honor”, “Cartas desde Iwo Jima”, “El Sustituto” y la francamente genial “Gran Torino”.

Para el año 2009, Eastwood se vio inmerso en un proyecto ambicioso y a priori muy pero muy interesante que retrataba la increíble y espectacular historia de cómo allá por el año 1995, Nelson Mandela utilizó las banderas del deporte (más específicamente por ser su país anfitrión del Mundial de Rugby de ese año) para tratar de unir a una nación sumida en un profundo racismo luego del denominado Apartheid que sufrió durante muchísimos años aquel país.

Basándose en un libro escrito por John Carlin y adaptado a la pantalla grande por el guionista Anthony Peckham (“Don´t Say a Word” con Michael Douglas y “Sherlock Holmes”), Estawood vuelve a ofrecernos con esta cinta una más que digna demostración de que lo más importante en cualquier producto cinematográfico es, sin lugar a dudas, contar con una buena narración. Ni más ni menos que eso.

La historia se centra básicamente en los primeros años de gobierno de Nelson Mandela como Presidente de Sudáfrica y en su incansable lucha para unir a un país con enormes problemas de todo tipo, pero sobre todo, enormes problemas de racismo que aún luego de asumir en su cargo eran prácticamente imposibles de erradicar. Mandela vio la oportunidad de unir a la nación, o de por lo menos intentarlo, en algo que tenía profundas raíces con la población blanca de su nación, como era hasta ese momento el seleccionado sudafricano de Rugby.

Próximos a organizar el mundial de la especialidad en el año 1995, Mandela decidió ahondar todos los esfuerzos posibles para que toda una nación se encolumnara detrás de un objetivo principal: Ganar dicha competencia deportiva y que la misma sirviera para pacificar a una nación sumida en la más profunda de las violencias raciales a través de la enseñanza y la importancia del deporte en la vida de las personas.

Anthony Pecham redondeó en definitiva un guión sumamente correcto en cuanto a su narración y perfectamente dividido en dos tramos bien separados y contrastantes entre sí.

El primero de ellos centrándose en cuestiones políticas derivadas del gobierno de Mandela y de sus múltiples problemas y el segundo metiéndose ya de lleno en la competencia deportiva que servirá como punta de lanza para la unificación de la nación.

La dirección del gran Clint Eastwood fue francamente notable. Tanto en la narración de toda su primera parte como en la espectacular filmación de las secuencias deportivas, Eastwood vuelve a demostrar su maestría inconfundible detrás de cámaras. Panorámicas de los estadios y excelentes movimientos de cámaras en los partidos del mundial son algunos de los impecables detalles técnicos que la cinta posee.

Esa maestría que Eastwood tiene detrás de cámaras, evidentemente se contagia dentro de ellas, y si bien la actuación de Damon es sumamente correcta pero no descomunal, sin lugar a dudas podemos decir todo lo contrario sobre la genial performance de Morgan Freeman. Sabemos que hacer un personaje biográfico no es algo de todos los días y que para nada es una tarea sencilla. Sin embargo, Freeman se las arregla (y como!) para personificar de manera sumamente eficaz a Nelson Mandela en sus primeros años de gobierno.

En definitiva, “Invictus” es un muy buen drama cinematográfico sobre una historia realmente interesante. Unificar a un país por medio del deporte no creo que sea posible a semejante nivel, pero sí creo que el puntapié inicial que se da con el mismo puede derivar en historias tan increíbles y poderosas como las que aquí se narran. Muy recomendable.

Lo mejor: Toda la narración de su primera mitad y los impecables detalles técnicos.
Lo peor: Cierta previsibilidad en su segundo tramo.
publicado por Jorge Alejandro Pirro el 12 diciembre, 2010

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