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La trilogía del excéntrico humor de Jean-Pierre Jeunet está completa.

★★★★★ Excelente

Micmacs à tire-larigot (micmacs à tire-larigot)

El último film de Jean-Pierre Jeunet, Micmacs à tire-larigot, llegó a las salas de Francia el otoño de 2009, mientras que en nuestro país se estreno de forma oficial a finales de junio de este año, aunque pasó de forma muy desapercibida por las carteleras, algo extraño después del éxito que cosechó Amélie (2001) en las carteleras españolas hará ya casi diez años.

El cine francés destaca por ser excéntrico y sorprendente, y la obras de Jeunet son un claro ejemplo, si en Delicatessen (1991), junto a Marc Caro, nos trasladaba a mundo derrumbado, donde la carne era tan preciada y escueta como para deborar a las propias personas, y en Amélie, ya en solitario, nos presentaba una comedia romántica fuera de los estandares habituales, ambas rodeadas por este halo de humor surrealista, ahora nos lleva al París actual, pero como sucede con Amélie, no al habitual. Esta vez cuenta la historia de Bazil, un hombre que perdió a su padre por una mina antipersona cuando tenía menos de diez años, y treinta años después es disparado accidentalmente en la cabeza, pero sobrevive a pesar de que él cirujano no puede sacar la bala –decisión que toma a cara o cruz. Después de una difícil recuperación se encuentra sin casa, sin bienes y sin trabajo, y decide trabajar como mimo ambulante, hasta que Placard, un anciano también vagabundo, lo invita a ir con él y su "peculiar" familia, formada por una contorsionista, un hombre pequeño pero de fuerza sobrehumana, un hombre bala, una hombre que en lugar de hablar recita poesía, una chica que mide y cuenta todo lo contable y mesurable solo con mirarlo, y una mujer que habiendo perdido sus dos hijas, actúa como madre de todos ellos.

La perfección de esta película no solo se debe a un guión -de pocas línias pero mucho contenido- y una dirección excelente, sino que reside, también, a la magnífica interpretación de los actores. Un reparto encabezado por Dany Boon, que después de convertir su Bienvenidos al Norte (2008) en una de las películas francesas más vistas en todo el mundo, ha juntado esfuerzos con Jeunet, y ha interpretado a la perfección el papel de Bazil, solo comentar las escenas en que actúa de mimo, trabajo que seguro había realizado, en que las risas, difíciles de crear con papeles como éste, no tardan en asomar en las bocas del público. A pesar de ser el protagonista, Boon, deja mucho espacio para que sus compañeros se luzcan, como Dominique Pinon -habitual de Jeunet y protagonista en Delicatessen– que hace de hombre bala, con más partes de metal que humanas, o Yolande Moreau -otra de las habituales del galo, recordemos la portera llorona de Amélie– que hace de Tambouille, la madre de toda la familia, o que decir de Jean-Pierre Marielle -conocido en nuestro país por ser el abuelo de Audrey Tatou en El Código Da Vinci– que interpreta a un antiguo preso que sobrevivió a la guillotina, porque ésta falló en dos ocasiones, y le perdonaron la vida.

A pesar de que la acción transcurre en el París actual, la ciudad casi no aparece en el film, ya que ésta se centra en un vertedero en que nuestros protagonistas reciclan todo lo que encuentran, convirtiéndolo en aparatos en perfecto estado –o no tanto, según el personaje de Pinon-, para formar parte de su "magnífica" y peculiar casa. El mundo que les rodea que, salvando las evidentes diferencias, es el mismo que el de Amélie, un mundo lleno de color y de cosas por las que vivir, un mundo que es propio de los sueños, y nada deprimente, a diferencia del de Delicatessen.

La cinta esta repleta de guiños hacia las obras anteriores de Jeunet, como cuando Pinon aparece repitiendo el papel de Delicatessen, tocando la sierra a modo de violín, o aparece el frutero de Amélie, haciendo otro papel típico de la comedia francesa, el portero.

El éxito de la película y a su perfección se debe a que Jeunet ha creado el cocktail fílmico perfecto, mezclando las partes justas de la historia de amor de Amélie, con las partes justas de las excentricidades de Delicatessen, con las gotitas mágicas del actor cómico de éxito, Dany Boon, dando como resultado a un film que deja un buen sabor de boca, después de haberla llenado de unos gustos magníficos.

Espero estar en lo seguro, cuando afirmo que estas tres películas –Delicatessen, Amélie y Micmacs– se convertirán en una trilogía que pasará a la historia, como la “Trilogía de la Comedia Excéntrica Francesa”, ya que es imposible hablar de una sin hablar de las demás.

Solo para terminar decir que es un film redondo, una obra maestra de la comedia inteligente, solo superada –si es que una puede superar a la otras- por las obras anteriores del director galo.

publicado por Francesc Marí i Company el 10 enero, 2011

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