Una visión diferente, minimalista, de las consecuencias de la crisis económica que azotó el país en 2001 y de los imposibles que generó en buena parte de la población. FRANCIA es el destino de un viaje que nunca será.

★★★★☆ Muy Buena

Francia

Caetano comenta que John Carpenter es su director favorito. Este dato facilita el análisis de la filmografía del realizador uruguayo afincado en Argentina. Caetano se detiene en la escena inicial de HALLOWEEN. Ingeniería visual con plano secuencia que contiene una subjetiva interminable del asesino que, finalmente, acuchilla a su víctima. En el plano final de dicha secuencia está presente todo el cine de Carpenter. Un contraplano sorprende al espectador y descubre atónito que el asesino es un niño y su víctima es su hermana. Llegan los padres y se encuentran a su hijo en la puerta de la casa con el cuchillo ensangrentado en su mano. Esa postal artificiosa es macabra. Con el primer asesinato de Michael Myers el director norteamericano recupera en 1978 el género de terror y fija una idea desde el principio del metraje, lo terrible surge de una familia de clase media, en la que “debería” regir la normalidad y la estabilidad emocional. La fórmula: el terror como género y la crítica social como discurso político.

Vayamos, pues, de Carpenter a Caetano. Algo, a priori, que podríamos calificar de locura pero que, con detenimiento, podemos considerarlo con fundamento.  Dos aspectos a tener presentes: género y política. El discurso se incorpora a la narrativa cinematográfica desde lo formal. La forma viene estipulada por unas reglas, a codificar y recodificar, según el gusto. Por ejemplo, Caetano con UN OSO ROJO plantea conflictos familiares como si de un western se tratara ó, incluso, en CRONICA DE UNA FUGA plantea el trabajo de un equipo, para recuperar la libertad,  desde el thriller en el que predomina, regla imprescindible, el suspense.

FRANCIA rompe con la forma. Se trata de la obra más personal y experimental de su director. Concede una importancia mayor a la colocación de la cámara y al plano; y juega con diferentes recursos, tanto visuales como a nivel de guión. Todo lo que se cuenta tiene une epicentro. Bajo la atenta mirada de Mariana, interpretada por su hija Milagros, en la pantalla se describen una serie de vicisitudes interpersonales, deplorable mercado laboral y el estado lamentable del sistema educativo. Una visión diferente, minimalista, de las consecuencias de la crisis económica que azotó el país en 2001 y de los imposibles que generó en buena parte de la población. FRANCIA es el destino de un viaje que nunca será. Mensaje contundente. A todo esto, Caetano demuestra, una vez más, una gran dirección de actores que hace posible dicha experiencia. La prueba, la gran actuación de Natalia Oreiro.

El camino de Carpenter es conocido. Director de culto que después del éxito sin precedentes, hasta esa fecha,  en taquilla de su noche de brujas, siguió haciendo cine de género, en los últimos años incluso con dificultades de producción, y en todas sus películas con un discurso irreverentemente crítico con la sociedad actual. Caetano también hace cine político. El género es el recipiente, el camino, el divertimento. Al menos hasta la fecha. Porque con FRANCIA algo cambia en Caetano. Las líneas son más difusas. Nos sorprende desde otro lugar. Caetano siempre mostró su inquietud como creador en cada una de sus películas. Esa es la gran virtud de un director que junto a Lucrecia Martel y Pablo Trapero se han convertido en el referente de una generación irrepetible del cine argentino.

  
publicado por José Antonio Bermúdez el 19 enero, 2011

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