Cuando una comedia no consigue hacer reír, la cosa está más que sentenciada. Película fallida con mejores intenciones de que lo que termina siendo el resultado final. Una lástima.

★★☆☆☆ Mediocre

No controles

Borja Cobeaga afronta su segundo largo después de la divertida Pagafantas con un proyecto, a priori, más ambicioso, aunque sin moverse del género de la comedia que tan buenos resultados le había dado hasta la fecha (nominación al Oscar como mejor contometraje de ficción, incluida). El problema de No controles, no obstante, es que a pesar de resultar cinematográficamente mejor película que su anterior trabajo, y con unas posibilidades cómicas mucho mayores, termina resultando bastante menos divertida que su antecesora, donde el único elemento claramente reivindicable acaba siendo el gracioso personaje secundario interpretado por Julián López.

La película está ambientada en la nochevieja de 2010, donde encontramos a Sergio, un joven a quien, debido a una intensa nevada, le suspenden su vuelo y se ve obligado a pasar la noche en un hotel de carretera al lado del aeropuerto junto con el resto de pasajeros obligados a quedarse en tierra. Para mayor desgracia, resultará que entre el resto de pasajeros se encuentra Juan Carlos, un antiguo compañero de la EGB, a quien apenas recuerda, pero del que ya no se podrá separar en toda la noche, debido a la enorme habilidad que demuestra su viejo “amigo” por engancharse a él como una lapa mientras rememora su época como estudiantes. Reconozco que el personaje me ganó de entrada, debido a que conozco a tipos como éste, empeñados en rememorar la época estudiantil y capaces de aportar constantemente detalles de los cuales un servidor ya ni se acuerda, cada vez que me los encuentro en algún que otro bar de copas y me veo obligado a finiquitar el cubata con premura para poder buscar una excusa para largarme de allí.

Pero vamos a detenernos un momento en la persona de Juan Carlos, el personaje más interesante de la cinta, de calle: El tipo se muestra incapaz de evolucionar, sigue anclado en su época infantil (usa constantemente frases del estilo “toma geroma, pastillas de goma”) y se peina con mullets, algo que, estéticamente, debería estar prohibido por ley. Por si el personaje todavía no acabara de resultar lo suficientemente odioso para el espectador, los guionistas tuvieron la brillante idea de que el muchacho fuera humorista monologuista, que su nombre artístico fuera "Juancarlitros" y que durante todo el metraje no parara de soltar chistes, bromas y chascarrillos varios a cada cual más malo e insoportable. Juancarlitros, en definitiva, es el típico secundario bonachón y de buen fondo, que cada vez que intenta ayudar al personaje protagonista lo único que consigue es empeorar un poco más las cosas, pero al que no se lo puedes tener en cuenta porque en el fondo tiene buen corazón.

Pues en estas estamos cuando resulta que en el hotel también termina hospedada una antigua novia de Sergio, Bea, a quien también le han cancelado el vuelo, cuando se disponía a viajar hasta Alemania, donde tenía previsto quedarse a vivir. Nuestro protagonista, que como ya habrán adivinado sigue prendado de la chica hasta las trancas, dispondrá de una noche para lograr volver a conquistarla y evitar que se largue para siempre. En su empeño, contará con la ayuda de “Juancarlitros” y demás miembros de la tripulación, del pasaje e, incluso, algún que otro empleado del hotel. La comedia de enredos, amigos míos, está servida y lista para degustar.

La pareja protagonista son Unax Ugalde (Bon appétit) y Alexandra Jiménez (Spanish movie), y están secundados por Julián López (Que se mueran los feos), Secun de la Rosa (El otro lado de la cama) y Miguel Ángel Muñoz (de la serie Un paso adelante), entre otros. Los dos primeros interpretan a los personajes “normales” con los que el espectador debería sentirse identificado y el resto vendrían a ser los personajes histriónicos, con una mayor carga cómica. El problema es que la pareja protagonista acaba resultando excesivamente sosa y los personajes secundarios no terminan de dar el juego que se les esperaba, por más exagerados que se empeñen en resultar.

Ya de entrada, lo que se tiene que tener claro es que los productores de la película podrán dormir tranquilos y sin demasiadas preocupaciones aunque la película sea un rotundo fracaso de taquilla. Y es que uno tiene la sensación de que cierta bebida refrescante de Cola, bastante popular y cuya fórmula se sigue manteniéndose en secreto, debe haber pagado más de media película, cuanto menos, debido a que durante todo el metraje no dejan de hacer propaganda encubierta (o no, que la cosa en ocasiones roza el descaro). Y es que ya no es que todos los protagonistas se pongan a beber la susodicha bebida de cola (que no es Pepsi) como locos, ¡que va!. Es que encima, la chica protagonista, que toca el piano, se pone a tocar la melodía de los anuncios de la conocida marca sin que a ninguno de los responsables de la cinta se le caiga la cara de vergüenza.

Es muy evidente que algo falla en la película. Uno ve el trailer y lo encuentra divertido, los personajes están conseguidos (especialmente los secundarios), las situaciones resultan cómicas y los escenas rocambolescas se suceden, pero, sin embargo, uno está sentado en la sala de cine, sin reírse y pensando que todo lo que está sucediendo en pantalla debería estar resultando muy divertido, pero no. De echo, mientras estaba viendo la pantalla reconozco que tenía muchas ganas de reírme y de que la película me hiciera reír, pero no. Al final me empecé a dar cuenta de que eran más las ganas de que me hiciera reír, que lo que me estaba haciendo reír. Y es que, a decir verdad, la película no me provocó ninguna carcajada y como mucho logró arrancarme alguna tímida sonrisa, pero poco más. Personalmente no creo que sea culpa del guión, sino más bien de la realización de la película, que no logra transmitir lo escrito de forma que sea atractivo para el espectador.

publicado por Jefe Dreyfus el 25 enero, 2011

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