muchocine opiniones de cinedesde 2005

Una comedia hollywoodiense al uso que revela alguno de los males endémicos de la profesión periodística.

★★☆☆☆ Mediocre

Morning glory

Esto sí es el Nuevo Periodismo. Aunque nos cueste reconocerlo, aunque nuestro joven espíritu nos dicte la necesidad de poner coto a una realidad ya plenamente asentada en el devenir diario de la profesión, aunque neguemos los hechos a los que nos ha abocado esa implacable pugna por las audiencias; la realidad es incontestable, el periodismo es hoy día el escenario de esparcimiento de una nutrida clase de espectadores sin demasiadas labores que acometer. Tan sólo mirar el televisor y percibir cómo esa amalgama de saberes improductivos, contenidos banales y entretenimiento ramplón se va apoderando de su consciencia hasta acabar con una más que evidente muerte cerebral. Pero ahí está el negocio.
Eso es precisamente lo que se esfuerza en alcanzar la entusiasta Becky Fuller, una prometedora productora ejecutiva despedida ‘por ajustes de personal’ de una televisión local (las similitudes con la Robin Serbasky de Cómo conocí a vuestra madre son evidentes) que recibe una segunda oportunidad para resucitar el programa matutino de noticias de una cadena nacional con un equipo de espanto y unos índices de audiencia francamente paupérrimos. Lo que podría haber devenido en una encrucijada mortal para su carrera profesional, a tenor de la escasa confianza depositada en su buen hacer y las reticencias iniciales de buena parte del plantel de ‘estrellas’ (al fin y al cabo habían lidiado con decenas de productores ejecutivos en tan sólo unos años), acabó finalmente en el renacimiento de un espacio televisivo condenado al ostracismo al que la joven Becky supo imprimir ingentes dosis de dinamismo y originalidad, aunque ello significase tirar a sus reporteros en paracaídas desde un avión, humillar a su presentadora con toda clase de agresiones por parte de animales salvajes o fichar a una vieja estrella del periodismo informativo serio al que poner un delantal y hacer que cocine fritatas.
Si bien es cierto que Morning Glory prometía inicialmente la acidez y la crítica mordaz de los grandes clásicos del género periodístico a la hora de describir las diabólicas dinámicas a las que se ven sometidos los profesionales de la información, ya sea a través de horarios imposibles o de un estrés endémico; el resultado final se asemeja más a la sátira televisiva de la serie creada por Tina Fey, Rockefeller Plaza (aunque con menos ironía y mala leche), que a las geniales obras de James L. Brooks (Al filo de la noticia) y Sidney Lumet (Network, un mundo implacable). Es, al fin y al cabo,  el precio exigido por intentar aglutinar en un mismo producto las previsibles dinámicas de la comedia romántica, el retrato más o menos descarnado del mundo del periodismo y la pertinente historia de superación femenina; dando lugar a un amasijo de buenas intenciones edulcoradas con humor autocomplaciente y una previsibilidad desquiciante.
Suerte que su director, Roger Michell (Nothing Hill, Venus), suple su falta de originalidad expositiva apoyándose en un elenco actoral muy inspirado y con un atractivo innegable encabezado por la talentosa Rachel McAdams, actriz a la que auguramos una carrera profesional plagada de éxitos . A esta perspicaz y dulce productora ejecutiva con escasos escrúpulos para elevar los índices de audiencia, la secundan la siempre divertida Diane Keaton, aunque en esta ocasión un tanto desdibujada y eclipsada por el resto de intérpretes; el cáustico Jeff Goldblum realizando su perpetuo papel de galán trasnochado (la sombra de Parque Jurásico es alargada); o un Harrison Ford un tanto mayor para estos menesteres pero eficaz en la construcción de un personaje que hace suyo, probablemente porque siente que su talento es tan desaprovechado como el de ese presentador de noticias descreído y humillado por las dinámicas del sistema.
De este modo, podemos aseverar que Morning Glory no deja de ser un entretenido producto comercial de consumo rápido con cierta gracia y apreciables interpretaciones que elevan su nivel hasta el aprobado, aunque ello suponga aceptar que parte de su discurso es puramente auténtico. Y es que da miedo pensar que este es el verdadero Nuevo Periodismo al que todos estamos condenados. En fin, ya podemos aprender a cocinar fritatas pues parece que ahí está el futuro de esta profesión; si Harrison Ford lo ha hecho, ¿por qué no nosotros?.
Lo mejor: Las interpretaciones de su plantel actoral encabezado por la dulce Rachel McAdams y secundado por los veterados Harrison Ford y Diane Keaton.
Lo peor: Que la mayor parte de lo que cuenta es cierto.
publicado por Jesús Benabat el 1 febrero, 2011

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