Ya no se trata de una tendencia. La constatación del cine unipersonal es una evidencia. Si la soledad es tema en buena parte del cine norteamericano contemporáneo, en los últimos tiempos, lo del monólogo se convirtió en una moda.

★★★★☆ Muy Buena

127 horas (127 hours)

Ya no se trata de una tendencia. La constatación del cine unipersonal es una evidencia. Si la soledad es tema en buena parte del cine norteamericano contemporáneo, en los últimos tiempos, lo del monólogo se convirtió en una moda. Y tenemos para elegir. Dos de ellas persiguen, supuestamente, el mismo objetivo: hacer cine. Una de ellas, terriblemente entretenida, lo consigue con creces. La otra se queda en una broma salvajemente aburrida. ¿Adivinan cuál es cuál?

La transformación de Aron Ralston, interpretado por James Franco, es el centro. El protagonista grita al final “Help me!”, moribundo, algo impensable al principio de la película, en el que se nos dibuja una persona solitaria, egoísta y soberbia. Algo tan presente en nuestros días, al igual que esas multitudes en eventos deportivos, al igual que esos útiles inservibles como las navajas multiusos chinas. Mientras tanto, Paul, interpretado por el histriónico Ryan Reynolds, sólo muestra desesperación con travellings imposibles, llamadas telefónicas interminables y una víbora, así creamos suspense,  que se lleva la mejor actuación del metraje.

El movimiento de cámara cenital, como si de un zoom tipo Google-Earth se tratara, en el que vamos de la grieta dónde la roca se incrusta en el brazo de Aron a las alturas para divisar la inmensidad del desierto tiene intensidad narrativa y dramática. La soledad se acrecienta de forma hiperbólica, sin aspavientos ni de forma artificiosa como en el ataúd en el que trata de sobrevivir Paul.  

Boyle demuestra, una vez más, su valentía a la hora de afrontar cada uno de sus proyectos, totalmente diferente el uno del otro. Y lo hace con un ritmo vertiginoso, esta vez alejado de la magnitud de la oscarizada SLUMDOG MILLIONAIRE. De igual forma el protagonista de ambas películas juega en campo contrario intentando, con todas las estrategias posibles a su disposición, salir lo menos indemne. Boyle plantea en sus películas un cine de supervivencia: desde SHALLOW GRAVE, TRAINSPOTTING, pasando     por 28 DAYS LATER y SUNSHINE.

Desde el principio sabemos que Paul no sobrevivirá. El juego macabro de la llamada vuelta de guión, tan promovida desde SEVEN, atenta contra la inteligencia del espectador. Cortés, el director, demuestra su falta de criterio al esconder pistas, plantear equívocos y materializar, de forma ingeniosa, la superficialidad de su propuesta.  

127 HOURS y BURIED son dos películas cercanas sólo en el planteo inicial: dos hombres solos luchando contra las circunstancias adversas. Lo común es sólo es punto de inicio. Las dos películas están a años luz en el desarrollo. Una se propone como cine, la otra es una atracción de feria ambulante. ¿Adivinan cuál es cuál?

publicado por José Antonio Bermúdez el 1 marzo, 2011

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