El fallido y extraño intento de creación de un nuevo psicópata. Freddy, Jason y Michael no tuvieron nada que temer.

★★☆☆☆ Mediocre

Shocker 100000 voltios de terror

Shocker supuso un intento por parte de su creador, el irregular Wes Craven, de dar a luz a un nuevo icono del terror, a la altura de su Freddy Kruegger, cansado ya de las nefastas secuelas del asesino de los sueños. Seguro que ya pensaba en las posibles secuelas de este monstruo mientras escribía el guión, pero seguro que cuando estrenó el filme y vio lo que había engendrado, rompió el contrato para las futuras segundas y terceras partes. Y es que estamos ante un título de terror malo, muy malo, a pesar del incuestionable carisma del psycho-killer protagonista.

La película nos cuenta la historia de Horace Pinker, un asesino despiadado que no para de soltar chascarrillos cada dos por tres. Vamos, un refrito a lo Freddy Kruegger, ya que parece que Craven no sabe hacer otra cosa, sobre todo con el estreno a la vista de My Soul to Take, que tiene el mismo argumento que estas anteriores. Pinker es detenido por culpa de un joven jugador de fútbol americano y condenado a la silla eléctrica. Una vez chamuscado y a la brasa (se llega a despertar para dar el aviso de que volverá. Y es que siempre avisan, y quien avisa no es traidor), el protagonista se queda tranquilo, pero Pinker vuelve de entre los muertos a través de la electricidad. Así que conviene no encender la tele o conectar la lámpara de la mesita de noche, ya que se puede colar por cualquier sitio. ¿Y cómo escapar de él si la luz es algo tan imprescindible en nuestros días? Esto en la Edad Media no hubiera ocurrido.

Poco a poco, toda la familia y seres queridos del muchacho van siendo asesinados, como lo haría el mismísimo Pinker, algo que no tarda en descubrir. Pero tampoco parece que le apene mucho al chaval, salvo la muerte de su guapa novia. Lo peor del asunto es que el matón puede cambiar de una persona a otra. ¿No le bastaba con usar la electricidad para cometer sus fechorías?

La obra no da miedo ni risa, y parece estar hecho con desgana por parte de todo el equipo. El monstruo es una parodia de si mismo, en lo que se había convertido Kruegger en aquellos años, con lo que no cuela y por eso hoy casi nadie recuerda este título. No obstante, Mitch Pileggi, que interpreta a Pinker, está genial en el papel.

Se hace larga en exceso y no sientes la omnipresencia del villano, como debería ser. A mí me asusta más la factura de la luz mensual, que este título, de los más mediocres de Craven. Se pegó un buen batacazo en la taquilla y Craven no se recuperó hasta el estreno de la saga Scream, que sigue hasta hoy, a la espera de la cuarta entrega.

Eso sí, recuerdo que me reía mucho con la escena del partido de fútbol americano del comienzo. Pero poco más. 

publicado por Mario Parra Barba el 18 marzo, 2011

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