Un simple divertimento de acción, con toques de thriller, que gustará a los menos exigentes de la casa.

★★★☆☆ Buena

Sin limites (limitless)

Bradley Cooper, en Sin Limites, interpreta a un fracasado escritor de tres al cuarto, que no tiene nada que llevarse a la boca. Su novia le ha dejado recientemente, está en crisis y no sabe qué escribir, y se encuentra endeudado. Cierto día, por pura casualidad, se encuentra por la calle con su ex-cuñado. Tras una charla, éste último le ofrece a Cooper una pastilla que mejora las capacidades del cerebro, lo cual le permitirá estar mucho más despierto, recordar todo como si hubiera sucedido un minuto antes y fomentar su creatividad e inteligencia.

Tras tomársela, experimenta un alucinante cambio y escribe del tirón 40 páginas del libro, que encanta a su editora. Al día siguiente se dirige al piso de su antiguo cuñado, para conseguir más de esas fabulosas pastillas, pero éste se halla muerto, asesinado. Cooper encuentra una bolsa llena de pastillas y comienza a tomárselas a diario, y paulatinamente comienza a triunfar. Se mete de lleno en el mundo de las finanzas y la Bolsa, hasta que un importante ejecutivo, interpretado por Robert De Niro, se interesa en él. Desafortunadamente, las pastillas traerán secuelas físicas importantes y hay más gente interesada en el medicamento.

Para este largometraje, basado en un relato, Neil Burger, director también de El Ilusionista, ha contado con la producción ejecutiva del protagonista y con una leyenda del calibre de De Niro. El problema es que se pierde un poco en esta cinta, que se toma demasiado en serio a sí misma, recordando por momento a Crank, Veneno en la Sangre, sobre todo en los efectos visuales utilizados, que llegan a provocar malestar en determinados momentos, algo muy loable, pues es lo que se quiere transmitir.

Ante todo, es una película de acción un tanto absurda, que si se analiza en profundidad, está repleta de fallos y de incoherencias argumentales, como la capacidad del personaje para pelear sólo por haberlo visto en televisión. Pero la película no busca respuestas a esas preguntas, sino crear una historia en torno a esas pastillas y cómo nos podrían afectar, si realmente existieran, hasta llegar a un final atípico en el Hollywood actual.

Cooper está correcto en su papel, en el que parece sentirse a gusto, e impactan sus cambios de imagen según va triunfando en la vida. De Niro también cumple y nos presenta un personaje muy interesante, corrupto y ambicioso, que le viene como anillo al dedo; por supuesto, no es el papel de su vida.

La película provoca la carcajada espontánea en algún momento, como la escena del patinaje sobre hielo, pero está rodado todo con una calidad y un ritmo muy buenos, así que sólo hay que sentarse y gozar con el resultado final.  

publicado por Mario Parra Barba el 3 abril, 2011

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