El nuevo ejercicio onanista de un cineasta español.

★☆☆☆☆ Pésima

Crebinsky (crebinsky)

Con muchísima frecuencia se abren debates sobre el cine español. Normalmente se llega a la conclusión de que el cine español no se ve porque es malo. Yo estoy en franco desacuerdo con esa afirmación (por lo poco razonada que está), pero cuando ves una peli como Crebinsky te haces muchas preguntas, para empezar, la de siempre: ¿se debe subvencionar con dinero público el cine español?


La película en cuestión se anunciaba en la invitación como una mezcla de realismo mágico y road movie ambientada poco antes del Desembarco de Normandía. Curiosa manera de vender humo (la publicidad cinematográfica es algo que merece un análisis en profundidad…). Pero lo que el espectador se encuentra es una ejercicio onanista en el que el director rueda unas cuantas imágenes y secuencias que a él le deben de encantar, en vista de la duración estirada hasta la extenuación de casi todos los planos y las escenas.


El argumento podría haber dado pie a una comedia absurda, pero el resultado ha sido una película absurda. La trama principal, la protagonizada por los dos hermanos gallegos de ascendencia rusa, es forzada y avanza a trompicones, de manera deslavazada. El resto de subtramas (el submarino estadounidense, los nazis, los hombres de los faros) son inútiles, no ensamblan en ninguna momento y están desarrolladas muy erráticamente, por decirlo de manera educada.


Los personajes se pretenden excéntricos y representantes del absurdo (pienso en las comedias de Samuel Beckett…), pero se quedan en meros compendios de muecas y graznidos, repitiendo una vez y otra y otra cantinelas que llegan a ser letanías. Por no hablar de los recurrentes flashbacks, de la cansina música (sonidos eslavos durante hora y media, buff…) o del ritmo exasperante.


Crebinsky ha sido pagada con fondos de Galicia, de ayuntamientos gallegos y demás administraciones públicas. Pero es evidente que a no va a ser una producción que satisfaga a demasiados espectadores (de Galicia o de otras partes de España). Por lo tanto, ¿no convendría que el director se jugara algo suyo? De esa manera, quizá se pensaría más en el espectador, y el cine español no caería con tanta frecuencia en la "creación de universos personales" que no dejan de ser otra cosa que banalidades pretenciosas que sólo le gustan a sus responsables.


Y como dato curioso, llama mucho mucho la atención el hecho de que actores consagrados y de talento como Luis Tosar o Celso Bugallo se presten a participar en estos proyectos, con los vagos pretextos de apoyar a cineastas principiantes o a la producción cinematográfica gallega. El talento no conoce de edades ni de regionalismos tontos, así como no todas las películas que no aspiran al circuito comercial son por definición obras de arte destacadas. A ver si empezamos a desprejuiciarnos todos…

publicado por Jose María Galindo Pérez el 4 abril, 2011

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