Confucio (confucius)

Cuando hablamos de cine español, de cine francés, de cine japonés o de cine de Hollywood, olvidamos algo fundamental: en los tiempos que vivimos, marcados por la globalización económica y comercial, y por la cultura posmoderna, cada vez tiene menos sentido hablar de cines nacionales. O, en caso de tenerlo, merece un análisis profundo y riguroso que se salte tópicos, prejuicios y lugares comunes.
Esta reflexión me la suscita el visionado de Confucio, superproducción china, rodada en China, producida por chinos, realizada e interpretada por chinos y dirigida a un público mayoritariamente de China. Y sin embargo, por la forma narrativa y estética utilizada, por el acercamiento elegido a una figura histórica, por el determinado uso del lenguaje audiovisual, Confucio podría pasar perfectamente por un blockbuster estadounidense.

La película se acoge sin ningún problema a la forma de hacer cine hollywoodiense, primando el relato narrativo de hechos bastante ficcionables sobre cualquier formulación estética alternativa, puntuando el desarrollo de un período de la vida del pensador chino sin entrar en consideraciones contextuales demasiado profundas o densas. Es decir, la película encierra una paradoja muy significativa: una película china sobre una figura histórica china se aleja radicalmente de las propuestas tradicionales del cine de ese país para adoptar las formas y los modos norteamericanos.
De esa manera, la ancestral parsimonia del cine de China, pausado, que avanzaba lentamente, sin prisas, explorando y contemplando (un estilo que parece adecuarse perfectamente a la historia de un filósofo y erudito como Confucio) da paso a una narración a saltos, con el fin de resumir de la manera más comprensible (o simple, según se mire), propiamente occidental y comercial, mostrando los aspectos más novelescos de la vida de Confucio (intrigas políticas, maniobras militares…) ignorando o pasando muy superficialmente por las enseñanzas éticas del pensador.

La película está bien dirigida, Chow Yun-Fat cumple correctamente con un papel hecho a la medida de cualquier megaestrella con ganas de llevarse algún premio, y las dos horas que dura no se hacen pesadas en ningún momento. Quizá se echa en falta alejarse de esa manía que tienen los biopics (películas biográficas) de mostrar a sus biografiados como individuos tan de puta madre que todo lo que hacen lo hacen bien, y encima son cojonudos y buenas personas y siempre ponen la otra mejilla etc.
Por lo tanto, una película destinada a un público no tan chino como podría parecer, una lección bastante sencilla de Historia, una manera de ir al cine y salir pensando en lo culto que eres por haber visto una peli de Confucio, sin tener ni puta idea de alguna de sus propuestas filosóficas. En definitiva, una peli correcta que en ningún caso pasará a los anales de nada…

publicado por Jose María Galindo Pérez el 14 mayo, 2011

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