Lección de cine procedente de Grecia

★★★★★ Excelente

Canino

Nueva película europea, en este caso de Grecia. Responde al nombre de Canino. Y un servidor la ha visto por recomendación de Toni, nuestro colega del blog Atrapado en el tiempo. No dejéis de visitarlo (está enlazado en nuestros blogs amigos), porque el tío escribe de cojones y sabe un puñado de cine y de muchas más cosas. Y recomienda peliculones como Incendies o esta Canino de la que vamos a hablar ahora.

Con esta peli griega me encuentro de nuevo con una experiencia similar a la que me pasó con la citada Incendies. Es una obra que demuestra tal sabiduría en la planificación, tanto talento y tanto estilo en su construcción y su planteamiento, tiene tantas ideas estéticas geniales, que uno puede llegar a obviar la historia que vehicula. Pero es que la historia es original, drástica, un verdadero salto al vacío. Hacer una peli de estas características es jugarte los cojones. Y el director Giorgos Lanthimos sale con sus partes indemnes. Y lo hace por la clase que tiene, por el saber hacer que demuestra y por lo mucho que se la sudan las convenciones.
Comencemos por hablar, una vez más, de estética. Canino es un homenaje a la potencia centrífuga de la pantalla de cine. Todos sus planos remiten a lo que hay más allá de sus límites, a aquello que no podemos ver, a esa porción de realidad que la pantalla nos escamotea. Y lo hace porque la propia trama (un matrimonio griego mantiene a sus tres hijos aislados en su casa, sin conocer el mundo exterior) es una analogía narrativa perfecta a esa propuesta formal. No es de extrañar que el fuera de campo, los cuerpos fragmentados y las voces en off sean frecuentes a lo largo del film.
Y me toca hablar de nuevo de la posición de la cámara, de eso que los teóricos del arte llaman el punto de vista preferencial. Hay planos que funcionan bien porque componen la imagen idónea para lo que se quiere filmar. Bien, en Canino esos planos son todos. Nueva lección de un cineasta de cómo, a partir de planos fijos y estáticos, edificar un relato audiovisual de una fuerza increíble. Y por supuesto, los dos travellings que hay en toda la película se producen cuando alguien se acerca a la puerta que supone el límite de la existencia de esos chicos. Ruptura formal, provocación en el sentido. Joder, qué bueno.
El ascetismo en las interpretaciones, la ausencia de música y el juego semiológico (los padres dan significados distintos a las palabras) son ingredientes que contribuyen a crear esa sensación de extrañeza, de irrealidad, tan necesarias para encarar una película de estas características. Y, por supuesto, la crudeza con la que se muestran el sexo o la violencia no dejan indiferente ni al espectador más templado.
Gracias a Toni por la recomendación, acabo recomendando esta peli y, nuevamente, ese blog…
publicado por Jose María Galindo Pérez el 28 abril, 2011

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