Divertida comedia que se desinfla por su tendencia a un sentimentalismo innecesario

★★★☆☆ Buena

No lo llames amor, llámalo x

Cuando terminas de ver la película que nos ocupa, la sensación es buena, pero no es la mejor posible. Y la explicación es clara. Si la propuesta es divertida, si el guión está plagado de puntazos descacharrantes, si el reparto está trufado de intérpretes muy dotados (nunca mejor dicho…) para la comedia y para el gag, ¿por qué no se lleva eso hasta el final? ¿Por qué no se apuesta por la comedia a toda costa? ¿En qué momento el director y los guionistas deciden que la risa no es suficiente y que hay que meter un poco de melodrama, de sentimentalismo, de buenos sentimientos, para hacer la película más completa? Vayamos por partes.

La primera mitad de la peli es estupenda. Una comedia de verdad, con muchas secuencias que provocan la risa a partir del diálogo, del gesto, de la parodia, del reírse de uno mismo (geniales las referencias a las pelis españolas sobre la Guerra Civil, entre otras cosas). El planteamiento en forma de documental, en el que los propios participantes en la ficiticia peli porno El Alzamiento Nacional, es muy original, y proporciona algunas de las mejores escenas (las protagonizadas por la madre del director de fotografía son antológicas). Y la presentación de los personajes es adecuada, divertida, con ritmo.

Todo va bien, pero, en determinado momento, los responsables del tinglado estiman oportuno meter un poquito de drama, de dilemas personales, de cuitas matrimoniales, de sentimentalismo lacrimógeno barato. ¿La razón de todo esto? Pues ni puta idea. Porque la cosa funcionaba muy bien, la peli avanzaba con fluidez, con ritmo, con gracia y con muchas risas. Y te meten todo eso y te cortan el rollo. Y tú te quedas con cara de tonto, preguntándote por qué te han privado de la risa pura, sin más, que no necesita de conservantes ni de colorantes para triunfar.

El elenco es fantástico. Mariano Peña como el director porno, Javier Gutiérrez como el director de fotografía con madre incorporada y Adriana Ozores como la ex-pornstar forman el esqueleto de un cuerpo al que dan mucha vida Julián López en un papelón, otro más (pero, ¿dónde está Murnau?), Javier Mora (muy muy divertido como ese latin lover cutre) y la pareja Paco León-Kira Miró (qué simpático es él y qué buenísima está ella). Por no hablar de los que, para mí, se comen la pantalla con breves apariciones: Eduardo Gómez, el padre del portero de la tele, y Miguel Rellán, como militar de vieja escuela. Geniales.

La película es buena, una buena comedia, recomendable para pasar un rato divertido. Pero es que el material daba para algo más, para una comedia que podría haberse construido a base de chistes y gags, pura hilaridad. Y el director no se atreve a dar el paso. En fin, otra vez será.

 

publicado por Jose María Galindo Pérez el 6 mayo, 2011

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