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“”No molestará demasiado a quien busque una buena película de acción, y no debe ser ignorada quien sepa valorar un pastiche efectivo de referencias pulp en formato multisala””

★★★☆☆ Buena

El sicario de dios

El director de la nada despreciable Legión (Legion, 2010) estrena tan solo un año después la cinta post-apocalíptica El sicario de Dios (Priest, 2011), adaptación inspirada en el manga del mismo nombre al que se le han introducido cambios de envergadura con la intención de convertir la historia original en una distopía post apocalíptica al uso, con vampiros y ciudades amuralladas como La tierra de los muertos vivientes (Land of the Dead, 2005) o Stake Land (2011), entre otras. El concepto de "western tras el holocausto", tan bien desarrollado por George Miller en su saga del personaje Mad Max, vuelve a ser punto de partida en un producto que sigue la estela reciente de El libro de Eli (The Book of Eli, 2010), incluso en su aproximación mesiánica a los personajes y a su presentación de escenarios devastados, aunque las imágenes promocionales nos hacen pensar en un spin off de la saga Resident Evil, dado el estilo videoclipero y estilizado de la acción presentada.

Con el vasto núcleo precedente, cabe preguntarse si hay algo de originalidad en Priest, y la respuesta no deja espacio para la sorpresa. Nos encontramos ante un refrito de otras películas y una mezcla infame de referencias y géneros empaquetada como producto de consumo masivo, lo cual viene acompañado de las inevitables manías y manierismos de las ofertas que no cesan de ocupar multisalas, usando el género como mera excusa de exposición de malos efectos de CGI y nuevas técnicas de edición.

El sicario de Dios cae de lleno en dicho saco y no se avergüenza de ello. La única diferencia entre esta y las demás es que, por alguna razón, el cóctel acaba por funcionar a la perfección. Quizás el adecuado tono general de cómic oscuro (parece una adaptación de una serie de la línea Vértigo, más que de su referente nipón) permite fluir la acción desenfrenada e irreal al justificar los superpoderes de los sacerdotes y que además se enfrenta a una fotografía arisca y seca, entre lo realista y el spaguetti western, con encuadres ricos en grandes panorámicas y planos medios, nunca asustada de establecer un contacto visual pleno con el escenario donde se desarrolla la acción.

Los ambientes, una impresionante colección de paisajes desolados observados desde un gran angular, se complementan con un más que correcto trabajo en la dirección artística de los decorados, más próximos a los personajes (los poblados, las reservas de vampiros, sus guaridas llenas de huesos…).También destaca una banda sonora épica y coral, de raíces religiosas pero con sonido moderno. El apartado creativo tiene cierta voluntad de crear algo interesante desde el punto de vista estético, y eso añade algo de valor a una propuesta cuya primera impresión revela su origen manufacturado.

Lo verdaderamente exitoso en El sicario de Dios es su sencillez expositiva. En sus ochenta y poco minutos no pierde demasiado el tiempo en intentar desarrollar tramas innecesarias; tenemos una historia personal de rescate y venganza desarrollada a su mínima expresión, pero ojo, creando un interés suficiente como para que la narración sea vibrante y entretenida. Entre el desarrollo de la historia, el director nos acerca de modo frugal a todo un universo propio, donde la iglesia católica rige pequeñas ciudades acorazadas especialmente preparadas para mantener la santidad, gracias a confesionarios tipo fotomatón, comunicaciones orwellianas y un gran hermano papal con la cara del gran Christopher Plummer. El sacerdote es un guerrero de la antigüedad al estilo Jedi que está olvidado como los veteranos del Vietnam que, interpretado con eficiencia por un carismático Paul Bettany, añade algo de pedigrí al estereotipo de héroe de acción actual. Lamentablemente, su compañero de aventuras responde a la insipidez esperable en una cara guapa sin talento interpretativo, pero incluso dicho personaje de cowboy acaba funcionando y no molesta demasiado en un cómputo global, donde tampoco desentonan un Karl Urban diabólico en el papel de villano o una Maggie Q que cumple como heroína sin mayores complicaciones.

No molestará demasiado a quien busque una buena película de acción, y no debe ser ignorada quien sepa valorar un pastiche efectivo de referencias pulp en formato multisala con suficientes dosis de horror y sangre para que mantenga los pies en terreno del horror más disfrutable y olvidable. No engaña por su aspecto hi-tech y hortera o sus criaturas de CGI y acción a cámara lenta, pero al mismo tiempo consigue ser un comic book sólido y digno, que no se sale del patrón pero al menos cuida la calidad del producto final.

Lo mejor: El diseño de producción y su ritmo incesante de acción y entretenimiento
Lo peor: El Cgi arruina un buen diseño de criaturas.
publicado por Jorge Casanueva el 12 mayo, 2011

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