Midnight in paris

Partimos de una base: No me gusta Woody Allen, se me atraganta, me parece un personaje tan ridículo como sus películas. Empiezo diciendo esto para avisaros de que, cuando veo obras suyas, entro bastante predispuesto a la sala. Y así de predispuestos os quiero a vosotros a la hora de leer esta crítica. Supongo que me viene de familia. Mi padre siempre me decía que Woody Allen era un viejo verde, y que hacía películas para poder arrimarse a jovencitas y bellezones. Y por lo que he visto (quizás seis u ocho de sus 42 películas) creo que algo de razón no le falta. Aunque esta costumbre parece haber cambiado en los últimos años. El cineasta cada vez protagoniza menos películas y se centra más en la dirección y el saxofón. ¿Y es un cambio a mejor? A mí no me preguntéis… No me gusta Woody Allen. Pero ‘Midnight in Paris’ ha recibido muy buenas críticas; y se ha estrenado en Cannes, arrasando, y recibiendo excelentes notas de los más eufóricos. Al ver esto, pensé “¿Es hora de darle otra oportunidad al viejo de Woody?” Y este es el resultado: Un escritor norteamericano algo bohemio (Owen Wilson) llega con su novia (Rachel McAdams) y los padres de ésta a París. Mientras vaga por las calles soñando con los felices años 20, cae bajo una especie de hechizo que hace que, a media noche, en algún lugar del barrio Latino, se vea transportado a otro universo donde conocerá a Hemingway, Fitzgerald, Dalí y Picasso, entre otros artistas. 

Esa es la historia, muy interesante. El film, en mi opinión, nada del otro mundo. Las noches en el París de los años 20 son embriagadoras y, más por el carisma de Heminway y Dalí, que por habilidad de la película, te vas enamorando de esa época como le pasa a su protagonista.

 

Pero el hechizo acaba y Cenicienta tiene que volver al Paris diurno y cargante diseñado por Woody Allen. A un disparate de gags a cual más ñoño e irritante. A una historia que no entiendo como puede parecer inverosímil cuando está tan vista: Pareja a punto de casarse que, en un viaje, descubre que no están hechos el uno para el otro. Vicky y Cristina os mandan un saludo desde Barcelona.

 

Me podría pasar la noche sacándole defectos, pero me limitaré una mención especial y deshonrosa a los actores. Cameo de Carla Bruni (por eso el glamour parisino). Rachel McAdams está horrorosa, haciendo patética lo que podría haber sido una intensa crisis conyugal. Y a Owen Wilson, por fin me doy cuenta, le siguen dando trabajo tan solo por que se da un aire a Robert Redford. Viva y bravo.

 Y hasta aquí por hoy, amigos. Si quieren descubrir la maravillosa época que fue el París de los años 20, ¡lean un libro!
Lo mejor: Te entran unas ganas locas de leer a Heminway.
Lo peor: No te importaría dejar la película a medias para irte a leer a Heminway.
publicado por Miguel Castaño Arques el 15 mayo, 2011

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