Dinero fácil

No sólo de Tarantino y de Guy Ritchie viven los bajos fondos cinematográficos. El thriller ubicado en el mundo del hampa es un subgénero que no para de reclutar nuevas espadas, y la última de ellas es Daniel Espinosa, sueco de nombre hispano, que presenta este mes una producción solvente y bien resuelta que responde al nombre de Dinero fácil.

De eso va la peli, de hacer dinero de la forma más fácil y rápida posible. Como todos sabemos, hacerse rico en poco tiempo es muy difícil si se opta por una vida más o menos honrada, así que los personajes de la peli se dedican a meterse en todos los fregados y trapicheos que pueden. Así, vemos a JW, un joven estudiante de Economía de origen humilde y ambiciones demasiado altas; a Sergio, un chileno recién fugado de la cárcel que vuelve a las andadas con sus compañeros árabes; o a Mrado, un serbio que debe compaginar el cuidado de su hija con el negocio de las pistolas. Como puede verse, un crisol de culturas con un objetivo común: delinquir para engordar el bolsillo.

Tras un inicio titubeante, en el que el espectador se marea por la cantidad de idas y venidas inconexas de varios individuos sin relación entre ellos, la película va entonándose, cogiendo cuerpo y color, a medida que las conexiones se van haciendo más visibles. El pulso es firme, y la acción avanza sin demasiados problemas por varios ambientes, por varias situaciones, por varios ámbitos. Espinosa demuestra oficio rodando secuencias domésticas, encuentros clandestinos y escenas de acción.

La continua cámara en mano, conjugada con los constantes primeros planos y un montaje absolutamente esquizofrénico (saltos adelante y atrás, cortes que no dejan respirar a los planos), crea un ritmo sincopada, casi ahogado, en el que las imágenes no reposan, no se muestran, sino que se ven empujadas a un continuo devenir. La tonalidad metalizada y la iluminación saturadísima colaboran a la sensación de alucine y de frialdad.

Y es en esa frialdad donde la peli encuentra su gran talón de Aquiles. El problema es que el film no puede esconder su procedencia sueca, fría, glacial. Porque todo está bien, las piezas no rechinan (en general), pero la percepción general es que falta garra, falta chicha. Hay violencia y sexo más o menos explícitos, pero se abordan, al igual que todo lo demás, con demasiada distancia, con demasiada autoconsciencia de lo que se tiene entre manos. Se echa de menos algo de humor, algo de ira, algo de emoción. En definitiva, algo que aporte color y calor al tinglado.

Nadie puede negarle a esta película la calidad. Está bien planificada, bien ejecutada, y se advierte una mano estilística que trata de de hacerse notar en la marañan de fotogramas. Las atmósferas están logradas y las interpretaciones demuestran saber hacer tanto desde la parte del reparto como desde la dirección de actores. Pero lo humano a veces viene muy bien en una maquinaria fría y tan bien engrasada…

publicado por Jose María Galindo Pérez el 24 mayo, 2011

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