Amateurismo infumable que castiga sin miramientos al espectador

★☆☆☆☆ Pésima

Brutal box

Me empiezo a cansar de que cada vez que voy a ver una peli española me toca luego darla de hostias en la crítica que escribo. Pero es que no me queda más remedio. Mira que intento ser concienzudo, para intentar sacar alguna cosa mínimamente decente. Pero películas como Brutal Box te hacen pensar si la gente que da luz verde a los proyectos no tiene mejores opciones. Porque si no las tiene, el vacío de talento empieza a ser importante.

La película parte de un tema actual: la relevancia adquirida por los medios cibernéticos y por los contenidos web. Un parado se corta dos dedos delante de una webcam y se forra, monta una empresa de contenidos extremos, y una gran compañía intenta hacerse con ella y de paso pufar en toda la cara al señor ocho dedos. Para aderezar un poco el guiso, se añaden secundarios como un macarra que se cita para pelear con otros de su calaña por internet, una devora-hombres sin moral, una adolescente en huelga de hambre virtual y una hacker que no se siente valorada en el trabajo.

Todo este batiburrillo se agita, se mezcla y se bate para escupir en la pantalla (pobre lienzo que traga mierda con una frecuencia que ni las compactadoras de los vertederos) un bodrio absurdo, pésimo, que no tiene ningún respeto ni por la inteligencia ni por el background cinéfilo y digital del sufrido espectador. Es impresionante la cantidad de barrabasadas, de estupideces y de mediocridad que se respira en cada plano de este ¿film?

Lo que a mí más me ha marcado ha sido el trabajo de los actores. Creo que es la peor exhibición que he visto en toda mi vida. No hay una sola línea de diálogo (por otra parte, qué diálogos…) bien defendida. Absoluta falsedad, nula creación, expresividad mal calculada, torpeza en los gestos y en la voz. Un auténtico disparate. La mención principal va para el tipo que interpreta al directivo de la gran empresa. Junto a su inseparable taza (¿por qué no la suelta en toda la puta peli?) da una lección simpar de lo que es una actuación nefasta.

Por supuesto, no podemos olvidarnos de las decisiones de realización. Los ángulos, los ejes, la escala de planos escogida, todos los elementos son propios de un principiante. Y de un principiante malo. Una película que toca temas escabrosos podría haber jugado mucho con las imágenes. Pero la textura se limita a variar burdamente sólo cuando se supone que es una imagen obtenida por webcam. Lo que os digo, despropósitos uno detrás de otro.

Por no mencionar el nivel del diseño de producción. Por señalar un único ejemplo, hablaré de la jefa de la gran compañía sentada en lo que se supone que es New York. Pero lo que todo el mundo ve es que detrás tiene un puto cartelón que simula el skyline de día, para sonrojo del público y desvergüenza de los responsables del cagarro.

No sigo porque creo que dedicarle tanto tiempo a este bodrio es inmerecido. Simplemente, no vayáis a verla. De verdad os lo pido.

publicado por Jose María Galindo Pérez el 23 mayo, 2011

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