Divertida y espectacular, como debe ser el cine comercial

★★★☆☆ Buena

X-men: primera generación

Hay varias maneras de enfocar una película sobre superhéroes. En función del enmascarado de turno, se puede hacer el tinglado más o menos oscuro, festivo, misterioso, siniestro o superficial. Pero lo que necesita cualquier película de este tipo es, lisa y llanamente, entretener. No puede plantearse una producción de estas características si no se tiene como principal objetivo el hacer que el personal se lo pase de puta madre.

La nueva película de los X-Men lo consigue con creces. Y lo hace remitiendo a esos famosos volúmenes de "Orígenes", donde el ávido lector puede descubrir cómo sus héroes y sus villanos llegaron a ser lo que son. En este caso, el turno les llega a las dos figuras que rigen el universo mutante: Charles Xavier y Magneto. Primero aliados, después adversarios, siempre amigos. El primer acierto de este film es la presentación de ambos personajes. Por un lado, tenemos al doctor en genética Charles Xavier (James McAvoy, buena elección, simpático e inteligente), seductor de bar, luciendo una buena mata capilar, caminando sobre piernas vigorosas y enfangado con la CIA. Por otro lado, Erik Lensherr (el cada vez más prometedor Michael Fassbender, carismático como él solo), superviviente en campos de concentración nazis que dedica sus poderes metalúrgicos a encontrar y matar a sus antiguos torturadores.

Por supuesto, hay exhibición de superpoderes, hay episodios de gran espectacularidad, hay desfile de personajes que todos los frikis están deseando ver, y están los clásicos dilemas morales, personales y éticos acerca de los mutantes y sus poderes. Pero lo que distingue a esta peli de otras de los X-Men es su acertadísimo ritmo.

Hablemos un poco de este concepto. El ritmo es el elemento fundamental del cine comercial. Es esa cosa tan inasible que te hace comprender que las secuencias van como han de ir, que la acción está bien articulada, que la trama se desarrolla adecuadamente. Si no miras el reloj, el ritmo es el correcto. Una peli cuidada puede irse a la mierda con un ritmo malo. Un ritmo escogido y ejecutado con brillantez tapa cualquier otro defecto que pueda aparecer. Y esto es lo que pasa con la precuela de los mutantes.

Por no hablar de un par de nombres propios. En primer lugar, el de su director, Matthew Vaughn, quien, como afirma Zamora, es un genio del blockbuster. Lo hace divertido, entretenido, atractivo. Y lo hace añadiendo gotas socarronas y de calidad, distintas, que elevan el nievl del film. Por mencionar un par de ejemplos: un cameo genial de un futuro hombre X, el peculiar uso que hace Magneto de una moneda, o el espectacular uso de los saltos de eje para modificar diametralmente la tensión y el clima creado en una secuencia. El otro nombre, Jennifer Lawrence, como Mística. Guapa, expresiva, morbosa a más no poder. Esta chica es para seguirla de cerca…

Y, cómo no, hay que hablar de nuestro representante. Sí sí, Álex González. Líneas de guión: ninguna. Tocado capilar: desternillante. Vestuario: traje de pantalón y chaqueta ¡¡morado!! Resultado final: risas y más risas a su costa. Joder colega…

En resumen, una opción muy recomendable para pasar un rato divertido en una sala de cine…

publicado por Jose María Galindo Pérez el 28 mayo, 2011

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