Terror rutinario que aporta la ración inevitable de sustos y poco más…

★★☆☆☆ Mediocre

Almas condenadas

Hace un par de meses, hice una crítica muy laudatoria de Scream 4. La última entrega de la saga era, como no podía ser de otra forma, un terror. Y por tanto, no escatimaba en sustos, chillidos, muertos, sangre, vísceras y golpes de efecto. Pero aparte de eso, Craven se atrevía a plantear interesantes reflexiones sobre el rollo meta en el cine, sobre la evolución del género terrorífico, sobre la incidencia de las nuevas tecnologías y de los nuevos espectadores en el fenómeno fílmico.

Por eso, resulta algo decepcionante ver una producción como Almas condenadas. Digo algo porque en ningún momento esconde sus cartas, y cumple de sobra con los servicios mínimos del género: tenemos una historia misteriosa (y absurda, es la hostia lo poquito que se han currado una estructura narrativa básica), unos trapos sucísimos del pasado que vuelven para dar bien por culo, muertes consecutivas, un poquito de intriga insulsa, un final donde se descubre el pastel y un clímax que se queda bastante flojito.

La película se conforma con recurrir a la rutina del género una y otra vez. No se aparta ni un minuto de las convenciones del terror, que le sirven a Craven de cimientos, de ladrillos, de ventanas y hasta de techo para hacer esta peli. Y llegamos a un punto en el que si los sustos te los esperas, las secuencias no se apartan ni un segundo de lo previsible y todo avanza y se desarrolla como hemos visto una y otra vez, la cosa no pinta bien. Porque cuando no se da esa sorpresa decisiva, hay que proponer algo más: cinismo, violencia exagerada, vueltas de tuerca radicales. Algo que no sea quedarse en cumplir el expediente.

Porque encima, con Wes Craven nunca podemos quitarnos de encima su torpeza, lo burdo y lo mediocre que es valiéndose del lenguaje audiovisual. En sus pelis, sabemos que el plano final será un travelling que va abriendo la imagen. Sabemos que cuando alguien se agacha delante de un espejo se dará un sustito al levantarse. Sabemos que un plano de personaje de espaldas es el previo a un contraplano con señor con cuchillo incluido. Y, por supuesto, sabemos que la música in crescendo va seguida de una interrupción súbita de todo sonido, que a su vez es la antesala de otro susto. Las claves del estilo de realización de Craven caben en una servilleta de papel.

Con todo, es una película que satisfará a los fans irredentos del terror y a los que busquen un rato entretenido en el cine. Pero Wes Craven nunca ha sido un mingafloja, y cuando ha cosechado más éxitos ha sido cuando más se la ha jugado. Y estos productos rutinarios no están a la altura de la leyenda que tanta gente reclama para él…

publicado por Jose María Galindo Pérez el 7 junio, 2011

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