Caballeros, princesas y otras bestias

La subversión de las convenciones genéricas es uno de los motores del humor. Con frecuencia encontramos películas que parodian y se ríen (con más o menos gracia, con más o menos éxito) de la multitud de elementos característicos que componen un género, un formato, un sistema narrativo. Con Caballeros, princesas y otras bestias encontramos una propuesta similar a la que Dreamworks hizo hace ya unos cuantos años con Shrek. A saber: coger un cuento de hadas, y meter ironía, humor grueso y un cambio de tornas, con el fin de conseguir la risa del personal. En este caso, se puede decir que lo logran. Veamos cómo lo hacen.

La principal arma cómica que sustenta la película es el protagonista (y co-guionista) Danny McBride. El tipo tiene una ventaja fundamental: su cara ya provoca la carcajada. Si encima se pone mallas o armadura, y se dedica a decir guarradas, palabrotas, a caerse, a hacer el ridículo y a fumar marihuana en un reino mágico, está claro que la risa aparecerá. McBride interpreta al segundo hijo de un rey, que vive a la sombra de su glorioso y valiente hermano (el omnipresente James Franco), matando el tiempo con varios vicios. Cuando la prometida de su hermanito es secuestrada por un mago desquiciante, el vago y rijoso será obligado a tomar parte en el rescate de la joven.

El contraste que se pretende ofrecer entre el gallardo James Franco y el sinvergüenza McBride no está mal, entre otras cosas porque Franco es un tipo con una vis cómica interesante. Pero McBride es quien se lleva la parte del león, nadie puede negar que esto sea un producto para su lucimiento. Y la aparición de Natalie Portman, en un papel que suele recaer en un hombre, resulta simpática, aunque sólo es memorable el momento en el que se quita la ropa.

En cuanto a la construcción paródica, la peli cuenta con dos elementos en su favor. Por un lado, el ritmo. Es un film dinámico, que avanza muy fluidamente. Los episodios y las distintas aventuras se suceden con frescura, y no hay descansos para intercalar momentos más románticos o más dramáticos. No, aquí todo es montar espectáculo para que el personal se descojone. Por otro lado, tenemos el rechazo absoluto a todo lo que sea edulcorado. Nada de medias tintas, nada de mingaflojas. Se hacen chistes con abusos sexuales, la droga está más que presente a lo largo de toda la película, y, ojo, la sangre y la violencia es propia de Juego de tronos. Hay mutilaciones, cuellos cortados, tajos con espada. Y lo mejor de todo, esa crudeza siempre está bañada en cantidades industriales de humor, con un aire de broma pesada cojonudo.

Desde luego, es una propuesta de corto recorrido. No se va a convertir en un título de culto. Eso no quiere decir que la película sea una mala elección, o que no cumpla con las expectativas. Hay momentos hilarantes, hay burradas, hay grosería. Y, por encima de todo, está Danny McBride, cuya presencia planea a lo largo de todo el metraje (poquitos son los planos en los que no aparece). Así que, por mi parte, puedo recomendaros Caballeros, princesas y otras bestias si os apetece pasar un rato desenfadado. Y si la veis, ya comentaremos el recuerdo que se lleva el personaje de McBride de la gesta que protagoniza…

publicado por Jose María Galindo Pérez el 28 junio, 2011

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