A pesar de que le falta la magia y la emoción habituales de las películas de Pixar, Cars 2 supone un triunfo más (en lo económico y lo artístico) para la compañía y para Disney

★★★★☆ Muy Buena

Cars 2

Hay veces en que caso es peor ser el mejor que ser uno del montón.
Tengo la impresión de que éso es lo que le va a pasar a Pixar en algún momento, si es que no le está ocurriendo ya.
¿Por qué? Pues porque, viendo cómo la crítica especializada se ha lanzado al cuello de John Lassiter y sus coches cual jauría de tiburones hambrientos, está más que claro que lo que siempre se acaba esperando de un ganador nato es que fracase. Aunque sea malvado y absurdo de admitir. Con Pixar, y con Cars 2, ocurre ésto.
Y hay que reconocer que la película tiene parte de culpa de que haya sido así. Porque si hay algo que no se le puede permitir a Pixar después de 11 obras maestras es que fracase estrepitosamente allí donde siempre ha radicado su secreto: la emoción, la magia (sea lo que sea ese concepto indefinible, que ha de sentir cada espectador), la emotividad y el tradicionalismo. Es decir, todos aquellos elementos que han hecho míticas a las películas de la major, Disney, cuyo estilo Pixar siempre ha seguido fielmente sin ocultar su deuda con todos esos clásicos del tío Walt que generaciones distintas adoran. Sin embargo, Cars 2 es la primera película de la factoría Pixar que patina en ese aspecto. Y ello se debe a que la relación entre McQueen y Mater (lo más pesado y lo que ralentizaba la acción de Cars, la original. ¿O acaso no son los insoportables minutos de los tractores-vaca lo único desechable de Cars?) es aquí el eje central de la acción. Y yo lo siento en el alma, pero la dichosa grúa siempre se me atragantó en Cars, así que imagínense aquí, donde es el protagonista absoluto. En ningún momento el espectador se emociona ante el conflicto entre ambos amigos, y por tanto, su resolución, que trata de emocionar a la desesperada, tampoco convence.
Menos mal que los demás ingredientes habituales de la casa del flexo saltarín siguen ahí. El ritmo es trepidante, la aventura deja sin aliento (esos aires a lo James Bond…), las escenas de acción tienen un montaje y una planificación que dejan en ridículo a películas "reales". Y sobre todo, sobre todo, está la animación. Porque incluso cuando el guión no acaba de acompañar, como en este caso, Pixar sigue dando sopas con hondas al resto de compañias animadas. Es tal el nivel de realismo que uno sólo distingue la animación cuando vemos las caras de los coches. El resto podría haber sido perfectamente Londres, París, Italia, Tokyo, o lo que quieran ustedes.
En resumen. ¿Es Cars 2 una obra maestra? No. ¿Decepciona? Posiblemente. ¿Es una película recomendable? Rotundamente sí. ¿Es injusto cebarse con Lasseter y compañía? Pues en realidad no, pero es lo que tiene hacer siempre obras maestras y presentar una nueva película que no lo es.
Ser el mejor tambien tiene sus inconvenientes.
Lo mejor: La animación, una pieza de museo (ver el realismo apabullante de las recreaciones de ciudades reales, o del típico paisaje italiano), todas las escenas de acción (en especial el prólogo en alta mar) y el carisma de los nuevos personajes (en especial McMissile y Shiftwell)
Lo peor: No hay magia. No hay emoción. Y Mater es INSOPORTABLE.
publicado por Alba Viñallonga Cruzado el 29 junio, 2011

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