Allen teje una de sus historias más hermosas en mucho tiempo

★★★★★ Excelente

Midnight in paris

Si hay una ciudad en el mundo de la que me declaro profundamente enamorada, ésa es París. La capital francesa es un lugar difícil de describir, una combinación mágica de modernidad e historia, de bohemia y clase, de arte en estado puro y frivolidad absoluta, que ninguna otra gran urbe posee. Eso lo sabe Woody Allen, posiblemente el más francófilo (y afrancesado) de los directores no franceses que existen hoy en día.

Porque “Midnight in Paris” es, sobre todo, una inmensa y maravillosa carta de amor a la ciudad de París, a sus rincones secretos, a su historia y su bohemia, y, sobre todo, a su noche. Más allá de la insípida postal turística que fue “Vicky Cristina Barcelona”, la nueva película de Allen refleja una historia de amor correspondida: la del propio Woody con la Ciudad de la Luz, posiblemente el lugar donde sus películas son más apreciadas, crítica y económicamente.

Para ello, Allen se sirve de un guión mágico, que bebe de las mismas fuentes de “La Rosa Púrpura de El Cairo”, cambiando el cine por la literatura, y a una Mia Farrow por un (excelente, quién lo iba a decir) Owen Wilson. Sin explicarnos cómo ni por qué -ni falta que hace-, Allen nos conduce a través de un viaje en el tiempo a una de las muchísimas épocas doradas de París, los años ’20, cuando Hemingway se emborrachaba en sus tugurios, Picasso seducía y pintaba a una mujer tras otra, y Scott y Zelda Fitzgerald se peleaban y reconciliaban en sus esquinas. Allí se ve arrastrado Gil (Wilson), nuevo trasunto del propio Allen, para su sorpresa y gozo. Como si se tratase de una extraña Cenicienta, Gil participa cada noche de esa fiesta perpetua, lo que, por supuesto, le hará replantearse si su vida real es tan perfecta como parecía ser. Y al igual que Tom Baxter (Jeff Daniels) rompía la cuarta pared para llegar hasta Cecilia (Mia Farrow) en “La Rosa Púrpura de El Cairo”, en“Midnight in Paris” es Adriana (estupenda Marion Cotillard) quien cristalizará los sueños y deseos de Gil en ese lugar quimérico del que no sabemos por qué ni cómo existe.

Además de Wilson y Cotillard, el resto del reparto está excelente y ajustado, desde las irritables compañías de Gil en el presente (Rachel McAdams y, sobre todo, Michael Sheen, están realmente insoportables… y eso es un halago), hasta el sorprendente desfile que puebla el París de los sueños (con mención aparte para la sensacional aparición de Adrien Brody como Salvador Dalí, hilarante y demencial, en parte gracias al magnífico doblaje realizado por Roger Pera). Todos ellos cumplen su función en una historia en la que Allen desmitifica, una vez más, al soñador perpetuo; los sueños, nos dice, son maravillosos y no hay que renunciar a ellos, pero no debemos permitir que esos mismos sueños destruyan nuestras posibilidades (reales) de ser felices.

Y así, entre sueños y realidades, entre halagos a unos y puyazos a otros -memorable es la descripción que se hace del Tea Party como“zombis criptofascistas”-, Allen teje una de sus historias más hermosas en mucho tiempo. El director de “Manhattan” hace grandes películas cuando habla de temas que verdaderamente le apasionan. “Midnight in Paris” habla de literatura, de cine, de música y de pintura, de amor, mentiras y sueños, y sobre todo, habla de París, la ciudad más maravillosa del mundo entero. Material suficiente para que alguien como Woody Allen hiciese una pequeña gran joya de este cine tan necesitado de ellas.

Lo mejor: El guión, los actores... y París
Lo peor: Que se acabe
publicado por Judith Romero Ruiz el 1 julio, 2011

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.