muchocine opiniones de cinedesde 2005

Otro ejemplo más del buen momento que vive el cine fantástico escandinavo

★★★☆☆ Buena

The troll hunter. (trolljegeren)

Un dia, los dioses del cielo interrumpieron

a Tor cuando estaba dedicado a su pasatiempo

favorito de cazar trolls.

 

Mitos, Diccionario de mitología Universal (Arthur Cotterell)

 


   Dependiendo de a quién preguntes un trol sería una criatura monstruosa surgida de una novela de fantasía tipo “El señor de los anillos”, un gigante sucio y estúpido enemigo de los gnomos o sencillamente un tipo al que le gusta montar jaleo en Internet.

Sin embargo, el origen de la palabra “trol” hay que buscarlo en las leyendas y la mitología escandinava, latitud de la que procede la criatura original que ha originado a todas las anteriores y a muchas otras.

  Aunque el significado de la palabra trol es incierto, el estudio de las raíces etimológicas del término ha dado lugar a diversas conjeturas, muchas de las cuales han acabado relacionando la palabra con “magia”, “maligno” y, sobre todo, “violento”. Este carácter agresivo que subyace en el término sería el que explicaría probablemente el por qué son estos seres y no otros los que han servido para marcar a aquellos que van de foro en foro buscando bronca, faltando al respeto o saltándose las normas de dichos lugares de debate. De hecho ya hay quien ha hecho de ello algo así como una “profesión” o un medio para buscarse la vida.

   Lo curioso sobre los troles es que en Escandinavia, y durante mucho tiempo, se ha hablado de ellos como si fueran seres auténticos y no como personajes de cuentos de hadas. En algunos lugares se refieren a ellos como gigantes, en otros como a una especie de hombres de los bosques de narices y orejas enormes, en otros como ladrones de niños… Algunos incluso han querido ver en el bigfoot americano o en el orco versiones del trol escandinavo. Como ejemplo de hasta que punto la existencia de los troles está ligada a la historia de los países nórdicos están los numerosos lugares y emplazamientos cuyos nombres hacen referencia a ellos (Trollhattan, Trollkyrka, Trollstigen, Trollasveien…).

 

   La película de Andre Ovredal “Troll hunter” (Trolljegeren, 2010) se apunta a la moda del mockumentary para narrar la historia de un grupo de estudiantes que realiza un trabajo en video acerca de la caza de osos en Noruega y que, por casualidad, acaba descubriendo a una organización secreta del gobierno que conoce la existencia de troles en el país y se dedica a exterminarlos y a encubrir sus acciones para mantenerlos alejados de la población.

   El film, de apenas una hora y media, aprovecha todo el potencial de realismo que le permite el uso de la cámara en mano con la excusa del falso documental, resultando mucho más efectiva en las escenas boscosas y oscuras de huidas y persecuciones que en las entrevistas y charlas que los personajes tienen entre ellos, mucho más impostadas y socorridas a la hora de poder explicar qué es lo que sucede. Algo parecido a lo que ocurría con la interesantísima y ya clásica “Distrito 9”.

   Además, y como ha venido ocurriendo con otros films recientes de género de las mismas latitudes (“Déjame entrar”, “Rare exports”, “Zombies nazis”,…) la propuesta no carece de un cierto sentido del humor, que en la película que nos ocupa resulta especialmente apropiado debido a los conocimientos generales y asumidos que sobre estas criaturas, los troles, la mayoría del público posee. Sucede así que en el film los personajes van tratando de averiguar al mismo tiempo que el público cuantas de las cosas que han oído sobre los troles son ciertas y cuales no, resultando especialmente divertidas aquellas situaciones en las que podemos ver, y no solo escuchar de labios del cazador profesional, lo que hay de mito y lo que hay de cierto en todo el asunto. En este sentido es destacable la estupenda secuencia del trol en el puente (o bajo el puente) o aquella en la que los personajes se ven encerrados en una cueva en mitad de la noche, la cual deben compartir con un grupo de gigantescos y apestosos especímenes sin ser descubiertos.

   Una aspecto argumental especialmente llamativo y que es utilizado en la película como excusa para algunos gags divertidos y alguna situación que mejor no desvelaré, es la particularidad de que estos troles huelen a aquellos que creen en Dios o son cristianos y los persiguen para devorarlos. Esto, lejos de ser una invención absoluta de los guionistas del film bebe de la propia historia y folclore escandinavo. Aunque el panteón nórdico contaba con Thor para deshacerse de los troles a golpe de martillo (el hierro era un arma contra ellos) a los cristianos parecía bastarles un crucifijo o incluso el sonido de las campanas de una iglesia para conseguir el mismo efecto (y todo ello por supuesto sin renunciar a la consabida luz solar que siempre ha sido el mayor enemigo de estas criaturas). Tal vez en la desaparición de la mitología clásica y en la expansión del cristianismo por toda Europa esté la razón por la que los troles que quedan allí (según la película, por supuesto) parecen odiar a muerte a los cristianos devotos hasta el punto de haber desarrollado un olfato especialmente eficaz con el que detectarlos. Supongo que se puede extraer alguna lectura en clave política sobre esto…

 

   En el apartado técnico la película poco tiene que envidiar a cualquier producción norteamericana, contando con unos efectos especiales que, como puede verse en la foto que acompaña a este texto, lucen magníficamente aunque como siempre, resultan mucho más creíbles y sugerentes cuando las apariciones de las criaturas se dan en la nocturnidad de los bosques que en el resplandeciente panorama helado en el que transcurre el último tercio del film que por momentos recordaba a los últimos minutos de la indispensable “La niebla” de Frank Darabont, aunque con mucha menos carga dramática, por supuesto.

   En definitiva una película muy recomendable para pasar un rato divertido y que, sin hacer historia en el género, confirma el buen momento que vive el cine fantástico en Escandinavia eclipsando por completo al  francés, el cual no parece encontrar su sitio entre la pretenciosidad metafísica y el gore descarado, o el español que pretende mantener su posición  a base de secuelas o de repetir la misma fórmula de éxitos pasados. ¿Tengo que dar títulos?

Lo mejor: Las escenas de cacería, especialmente la del puente
Lo peor: Una vez se destapa el asunto la trama se vuelve mecánica y el crescendo, aquí a base de criaturas cada vez más grandes, no funciona del todo
publicado por Javier Paez el 4 agosto, 2011

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