muchocine opiniones de cinedesde 2005

El origen del planeta de los simios

This is evolution: the monkey, the man, then the gun
(Marilyn Manson)

Je, je, je… eso le pasa por no alabar al simio
(Homer Simpson)




Aunque todo el mundo recuerda el final de “El planeta de los simios” (Planet of the apes, 1968, Franklin J. Schafner) con Charlton Heston maldiciendo a los humanos ante los restos de la estatua de la libertad, el éxito de la película hizo que aquél no fuera el final definitivo de la historia y que recibiera continuación con varias secuelas (cuatro en total) que, aunque de mucho menor empaque que la original, dotaron al conjunto de un sentido global que en la primera queda tan solo insinuado con ese célebre final.
Así pues, y pasando por alto la primera de las secuelas, “Regreso al planeta de los simios” (Beneath the planet of the apes, 1970, Ted Post) que no haría sino abundar en las situaciones expuestas en la original, llegaríamos a “Huída del planeta de los simios” (Escape from the planet of the apes, 1971, Don Taylor), donde Aurelio (Roddy Mc Dowall) y Zira (kim hunter), los dos chimpancés que ayudaron a Taylor (Charlton Heston), y su hijo recién nacido se introducen en la nave que ha llevado hasta su mundo a los humanos y por un azar científico acaban aterrizando en el nuestro, es decir, en La Tierra en nuestra época (los años setenta para ser exactos ya que fue cuando estas películas fueron producidas). De esta forma tan ingeniosa, los guionistas de la saga consiguieron cerrar el círculo y contestar a las preguntas que planteaba la primera en su desgarrador desenlace: ¿Cómo llegaron los simios a hacerse con el control del planeta? ¿Qué les ocurrió a los humanos? La explicación propuesta era la siguiente: los simios inteligentes venidos del futuro en una nave creada por los humanos darán lugar a una nueva raza de simios dotados de cierta inteligencia que serán esclavizados y utilizados en trabajos duros, situación que acabará provocando una rebelión y una encarnizada lucha entre simios y humanos, tal y como se desarrolla en las dos películas que completan la pentalogía (Conquest of the planet of the apes, 1972, J. Lee Thompson, y Battle for the planet of the apes, 1973, J. Lee Thompson).
Como podemos ver, antes de que películas de éxito más modernas como “Terminator”, “El efecto mariposa” o “Regreso al futuro” aprovecharan las paradojas del espacio-tiempo como núcleo sobre los que desarrollar una historia de ciencia ficción, los responsables de los guiones de las, muy oxidadas, películas sobre “El planeta de los simios” que he reseñado en los párrafos anteriores ya habían hecho lo mismo con un resultado narrativo muy interesante. Y añado que me parece un mérito adicional el haber llevado a cabo una serie de películas apoyadas en un concepto tan complejo como el de una paradoja en unos años donde, todavía, el nivel cultural medio de la población (por ejemplo en un país como el nuestro) no era tan elevado como hoy, y de hecho, en “Huída del…” se decidió incluir una secuencia en la que se trataba de explicar lo sucedido haciendo servir el ejemplo de otra paradoja, la del artista que pinta un paisaje y se pinta a si mismo dentro pintando un paisaje dónde está él mismo dentro pintando un paisaje, etc…

Pasando totalmente por alto la infumable incursión en la saga (a modo de remake) de Tim Burton, que al menos sirvió para demostrar que a veces una mayor fidelidad a un texto literario no tiene por qué suponer una mejor película (y esto es para los insidiosos y recalcitrantes opositores a la trilogía de “El señor de los anillos” de Peter Jackson, también conocidos como "El club de amigos de Tom Bombadil"), llegaríamos hasta el film que nos ocupa que no sería ni una secuela del film de Burton ni un remake de ninguna de las películas que he citado antes sino una reinvención de la explicación por la que en el futuro los humanos habrán sido erradicados y los simios camparán a sus anchas. Si en la saga original era hijo de Zira y Aurelio venido del futuro el que acababa liderando una rebelión de simios contra los humanos, en “El origen del planeta de los simios” se mantiene el concepto de rebelión y líder pero no existe paradoja alguna. La rebelión tiene lugar debido a la experimentación científica en un laboratorio donde se pretende encontrar una cura para el alzheimer pero, al final, lo que tendría que haber servido para prolongar la vida humana inteligente acaba sirviendo para erradicarla y volver inteligentes, en su lugar, a los simios. Interesante ironía. Pero aún hay más; como en las películas de los setenta habrá un simio que será el que conduzca a los demás a la libertad y, no será precisamente el más oprimido de ellos ni aquel que ha tenido que pasar por las peores calamidades sino, precisamente, el más mimado y mejor tratado por los humanos de cuantos pueblan la película. Doble ironía.
¿Qué concepto redondea mejor la cuestión? ¿Qué explicación resulta más estimulante? Reconozco que ambas me parecen igual de válidas, si bien tal vez la utilización de una u otra se debiera al momento tecnológico-científico que se vivía en el momento en que se produjeron las películas. En los años setenta, en plena carrera espacial, una nave y un viaje en el tiempo con paradoja incluída podía ser la opción más plausible. En la actualidad, con una crisis económica brutal y un interés mayor que nunca en dar prioridad a los beneficios aunque sea a costa de la experimentación con animales y de un descenso en las medidas de seguridad de las empresas (asusta con qué facilidad el protagonista saca muestras de sus experimentos del laboratorio), así como el temor a amenazas biológicas o terroristas que han sido creadas por los mismos que ahora las temen, puede que la opción de la ironía caiga por su propio peso.

La película de Rupert Wyatt cuenta además con diversos alicientes que consiguen que, pese a conocer sobradamente cuál será el desarrollo de los acontecimientos, el interés del espectador no decaiga. Para empezar la convincente interpretación de sus actores principales que consiguen dotar de sentimiento y humanidad a sus personajes, poniendo sobre la mesa de qué está hecho realmente un hombre y por extensión un ser inteligente como el simio del film; amor, sacrificio, odio, avaricia, envidia,… Sentimientos todos ellos humanos que serán contagiados al simio inteligente al entrar en contacto con ellos. Es la inteligencia emocional y no otra la que provoca los cambios y desencadena los acontecimientos en el film. Son las decisiones morales tomadas por el protagonista y por César, el simio inteligente, las que cambiarán para siempre el destino del planeta.
En este sentido destacaría diversos momentos en los que basta el juego del plano-contraplano entre la mirada de César y lo que está viendo para que el espectador comprenda a qué conclusiones está llegando el simio; la ventana que le separa de la libertad, la correa que ata a un perro con el que se cruzan, su dueño/padre en la cama abrazado a su novia… Igualmente destacables son varios de los momentos que César vive en su “encarcelamiento” donde debe tomar distintas decisiones de tipo ético que le permiten integrarse y, a la postre, convertirse en el líder de un gran grupo de simios.
Todo este desarrollo que se sirve sin prisa, con un ritmo cadencioso, hace mucho más creíble la evolución de César y convierte a “El origen del planeta de los simios” en algo más que un simple divertimento o una película con la que deglutir palomitas. Defender la película como un film a tener en cuenta o no por el nivel de sus efectos especiales me parece fuera de lugar. Se trata de una producción de alto nivel y solo faltaría que los efectos fueran una chufa así que poco hablaré sobre ello. Baste decir que el trabajo de Andy Serkis como “César”, el simio que liderará la rebelión, es fantástico y sirve para justificar un presupuesto de efectos como el que maneja esta película (recuerdo para quien no lo sepa que los gestos y movimientos del simio están capturados digitalmente de los que realiza un actor real con un traje especial lleno de sensores que son interpretados por un ordenador a través de un proceso llamado “motion capture”). Para los que tan solo se hayan visto atraídos por el espectáculo pirotécnico del trailer, espectáculo que por cierto se desarrolla íntegramente durante los últimos quince minutos de película, y le parezcan risibles las películas de la saga de los setenta por comparación de FX, tan solo hacerles reflexionar sobre la imposibilidad de haber rodado un film como éste en aquellos años (al no existir la infografía se habría tenido que tirar de animales reales y amaestradores lo que hubiera supuesto una auténtica pesadilla de producción), y llamar su atención sobre el ingenio con el que fueron capaces de lograr, con una forma narrativa más “asequible” técnicamente aunque más compleja argumentalmente, contar la misma historia que la película que nos ocupa.

Paradoja vs. Ironía. Ustedes eligen. O no lo hagan y quédense con las dos.
Lo mejor: No es un puro espectáculo de fuegos artificiales y arregla el estropicio causado por el remake de Tim Burton
Lo peor: Algunos momentos no resultan demasiado plausibles dentro de la historia y hacen que el guión se tambalee aunque nunca llega a naufragar
publicado por Javier Paez el 14 agosto, 2011

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