El origen del planeta de los simios

Retomo el asunto de las críticas después de unas semanas de parón obligado. A lo largo de estos días hablaré de las películas que he ido viendo estos días, y empiezo esta serie de críticas con El origen del planeta de los simios. Contextualicemos un poco: después de El planeta de los simios de 1968, clásico de la ciencia-ficción distópica, y de la revisión fallida y sobredimensionada de 2001 perpretada por Tim Burton, llega esta peli, que quiere situarnos antes de los sucesos descritos en el film protagonizado por Charlton Heston. En otras palabras, nos encontramos ante eso que los expertos han dado en llamar precuela, en la que, en teoría, descubriremos los acontecimientos que desembocaron en ese mundo poblado por simios parlantes que tenían esclavizados a los seres humanos.

El argumento es el siguiente: un científico, buscando la cura contra el mal de Alzheimer, prueba un medicamento en un chimpancé al que adopta y bautiza como César. El susodicho César comienza a desarrollar unas habilidades cognitivas e intelectuales fuera de lo normal. Pero el hombre blanco y cabrón siempre la caga, y tras tratar sumamente mal a César y a otros simios, éstos se toman la revancha. A grandes rasgos, esa es la propuesta narrativa, aderezada con dramilla paterno-filial, lucha entre altruismo científico versus empresas cabronas y un ecologismo de andar por casa francamente prescindible.

La película naufraga por varios motivos. Yo identifico dos, fundamentales, y que lastran de manera inevitable todo el metraje. La primera de ellas, es una película comercial trufada de efectos especiales apabullantes…que aburre. No tiene mucho ritmo, los personajes (empezando por ese científico desdibujado que trata de defender como puede James Franco) carecen de atractivo, muchas secuencias se hacen pesadas, el relato avanza a trompicones, y el relleno es evidente. En definitiva, si una película así no es entretenida, mucho tiene que ofrecer en otros aspectos para triunfar.

Y tampoco es el caso. Porque la otra lacra que arrastra este origen es la pérdida de identidad que supone esta película con respecto al universo iniciado por el film del año 1968. Lo que en su momento supuso una distopía a partir de la inversión de roles en la relación hombre/naturaleza se convierte ahora en un producto meramente alimenticio, en el que todo el potencial crítico queda desactivado , toda la carga ideológica y estética se vacía en aras de una rentabilidad económica que a buen seguro alcanzará. Ojo, una película comercial de calidad siempre es un auténtico placer, pero partir de un referente de culto de la ciencia-ficción crítica para banalizarlo de esta manera me parece un error de los gordos.

Teniendo en cuenta estos dos puntos negros, poco más puedo decir de la peli. Los efectos digitales que dan vida a los monos son correctos sin ser perfectos, la espectacularidad siempre se queda un poco corta, y el intento de enlazar la historia original con este supuesto origen es torpe y muy muy traído por los pelos. En resumen, una propuesta poco atractiva que no me queda más remedio que desaconsejar.

publicado por Jose María Galindo Pérez el 22 agosto, 2011

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