‘Inglourious Basterds’ es una portentosa parodia antinazi.

★★★★☆ Muy Buena

Malditos bastardos

En la escena inicial, Tarantino nos avisa con una alusión de que, lo que estamos a punto de presenciar, es una farsa. Cuando el coronel alemán Hans Landa entra en escena, mantiene una conversación en francés con el campesino con un acento irónico, y cuando posteriormente, se prepara para el acribillamiento contra el suelo dice: “Quiero que siga mi farsa, está claro”. Y es que Christoph Waltz crea un personaje admirable, fascinante, indeleble e imprescindible, de hecho sin él todo se vendría abajo. Un guión con diálogos magistrales, que proporcionan un descabellado sentido del humor, pero bajo su corteza se encuentra hueco por dentro. Todo se reduce a una historia de venganza a lo tipo ‘Kill Bill’. De hecho, Shosanna es la viva imagen de la rubia samurai, que planea quemar, como en ‘Cinema Paradiso’, el cine con los nazis en su interior, como si de una ratonera se tratase. ¡Pudriros en el infierno malditos nazis!

No es la mejor película de Tarantino. Pero tampoco es la peor. Ni tampoco es su obra maestra como afirma el teniente Aldo Raine al final de la película. ‘Inglourious Basterds’ es una portentosa parodia antinazi, una historia de amor entre un soldado alemán y una mujer judía, una historia con un galimatías de idiomas digno de ver en V.O.S. El irreprochable talento de Tarantino en narrar historias y su maestría dirigiendo justifican que esta violenta obra, influida por el mejor spaghetti western, nos deje totalmente asombrados pero con una sensación de vacío.
Lo mejor: Christoph Waltz.
Lo peor: Algunos flashbacks que no aportan nada.
publicado por Ángel López Gallego el 25 agosto, 2011

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