Quiereme si te atreves (odisea romántica con sorprendente puesta en escena)

★★★☆☆ Buena

Quiereme si te atreves

Nuestros fieles lectores han debido deducir que un servidor se encarga principalmente de la casquería, las vísceras, los fantasmas y los demonios. De ahí que yo mismo me sorprenda reivindicando un film romántico francés con cierto tufillo a Amelie. Traiciono principios día a día queridos amigos.

 

No tengo problemas con las películas románticas, siempre y cuando vengan envueltas en un envoltorio de inmadurez y personajes peterpanescos. Lío Embarazoso es a todas luces una comedia romántica, pero alejada, eso sí, de los cánones del género establecidos para cualquier producción hollywodiense, sustituyendo al galán habitual por un porrero gordinflón.   

 

Por su novedad, disfrute tanto de Quiéreme, si te atreves. Por su frescura y principalmente por su puesta en escena.

 

La historia es puro amor, impregnada de esa vitalidad, esa alegría que caracterizaba a Amelie, pero sorprendentemente, no carga las tintas. Una historia de amor, no declarado, en torno a un sencillo juego de apuestas, que se alarga durante toda la vida de los personajes. Lo interesante viene en como cuentan esa historia.

 

Dividida en actos, la puesta en escena evoluciona según crece la edad de los protagonistas. Lo más destacable, la etapa de la niñez, llena de imaginación visual y color, adaptándose al mundo de juegos de los infantes. La primera parte del film tiene planos muy locos y transiciones brutales, destacando la escena en la que los protagonistas aparecen disfrazados como Adán y Eva.

 

Del mismo modo es destacable la etapa de madurez, dónde hacen acto de presencia números y cifras, dejándonos claro, que esa etapa de la vida gira en torno a lo previsible, lo establecido, lo controlado. El monologo del protagonista, que recuerda al comienzo de Trainspotting, es para enmarcar.

 

El film me recordaba constantemente a las películas de Javier Fesser (aunque supongo que el excelente director español habrá visto bastantes veces Delicatessen), de ahí que disfrutara con su puesta en escena vitalista, llena de colores. Eso sí, el cine de Fesser deja apartada la sacarina y añade unas buenas gotas de surrealismo cañí, pero esa es otra historia.

 

Cada día me gusta más Marion Cotillard. En la película es adorable, aún y cuando en el segundo acto, su comportamiento, al igual que el de su partenaire masculino, se convierte en incomprensible; pero ahí radica otro de los aciertos del film, el sustituir la fase de chico-pierde-chica por una mucho más interesante: chico y chica se putean el uno al otro cosa bárbara, esos sí, todo en nombre del amor.

 

Un film a descubrir, lleno de aciertos visuales (el encadenado final de besos, el baño en cemento) que pasa volando y te deja con una sonrisa en la cara, a pesar de los prejuicios iniciales. Además de incluir un monologo ciertamente brillante, cuando pasados diez años los protagonistas se reencuentran.

 

Debo rendir cuentas a dos miembros del blog, al primero por su premisa “hay que ver de todo” que ridiculizo con demasiada frecuencia, y a una segunda por pitorrearme de su recomendación. Pensaba que con El diario de Noa había alcanzado mi cenit, pero parece ser que detrás de tanto gore, soy un romántico. ¡Pardiez¡

 

Eso sí, previamente al film francés me había tragado Cradle of Fear, película truculenta a rabiar, con satanistas, fetos y pechos por doquier, así que, una por otra, queridos amigos.

Lo mejor: Marion Cotillard
Lo peor: Es algo empalagosa
publicado por Alberto Zamora López el 12 octubre, 2011

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