Orgullo y prejuicio

Inglaterra, finales del siglo XVIII. En esa época, para unos padres con cinco hijas, la única obsesión parece que era (o así nos dice la literatura y el cine) casarlas bien. Y en esas están los Bennet cuando llega a la localidad el rico señor Bingley acompañado por su amigo, el señor Darcy, ambos solteros, claro. Los encuentros y desencuentros a partir de esta situación están servidos.

Siguiendo el guion que marcó en su novela Orgullo y prejuicio Jane Austen, y con varias adaptaciones al cine, teatro y televisión previas (como la recordada serie de la BBC de 1995), Joe Wright elaboró en 2005 su propia versión del clásico con una brillante Keira Knightley a la cabeza (interpretación que la valió una candidatura a los Oscar). Mantiene el pulso narrativo y el interés a lo largo de las dos horas largas de un filme que engancha gracias a la historia (mérito de Austen), a personajes bien adaptados a la gran pantalla de la mano de actores más que solventes y una puesta en escena impecable: desde el vestuario hasta la banda sonora pasando por la ambientación de época. Todo nos transporta a esa Inglaterra en la que sentimientos e intereses se funden y confunden, en la que, como ocurre hoy y como ocurrirá siempre, el orgullo y los prejuicios no nos dejan ver lo que tenemos delante de los ojos.

Una película que merece la pena ver y volver a ver por sus grandes escenas, su gran dirección artística y, por qué no decirlo, porque a todas nos gustaría encontrar un señor Darcy… Ya lo decía Bridget Jones.

Lo mejor: Su banda sonora, fotografía, ambientación... Y la historia, claro.
publicado por Natalia Marcos el 14 diciembre, 2011

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