muchocine opiniones de cinedesde 2005

La alemana “”La vida de los otros”” es quizá una de las películas más fascinantes de los últimos años. Y una auténtica lección de moral y de historia.

★★★★☆ Muy Buena

La vida de los otros

Una de las más fascinantes películas, sí, al menos de las que nos hayan llegado al extremo más occidental de Europa. Fabricada en el 2006, uno no puede menos de pensar que, de no haber sido premiada por los yanquies en el 2007, como mejor película extranjera, quizá no habría ni salido de Alemania. Lo cual hubiese sido una verdadera lástima.

El período final de la RDA filmado con maestría

La película dirigida por Florian Henckel von Donnersmarck no es tan solo un thriller diligente y deleitoso, que el espectador con un mínimo de conciencia historica y sentido estético sorbe como un néctar, es también una historia audaz y decidida, de esas que no se filman como quien no quiere la cosa.

Y es que, para empezar, el tema de aquella Alemania Totalitaria (orwelliana si se nos permite el tópico) llamada, en el colmo del sarcasmo político, "democrática" (República Democrática Alemana, RDA), aquel asunto de las espeluznantes cuatro décadas y pico vividas en el rincón oriental del país germano, y que forman una parte inexcusable de la historia reciente de ese país y de Europa, es algo con lo que hay que irse todavía allí con pies de plomo. Tan solo el pasado nazi resulta aún más incómodo historiográficamente que el relato de la Alemania Estalinista.

 La vida de los otros está narrada con nervio, pero también con delicadeza. Mantiene al espectador en vilo porque es un thriller político, pero también un thriller moral. Sí, porque se atreve a filmar la metamorfosis moral de un hombre, un oficial de la kafkiana Stasi, o policía política germano-oriental. Un rotundo servidor del Estado Totalitario, de serpenteantes cables ocultos y grabadoras, y teléfonos pinchados. Ese Estado de absoluta desverguenza ética, de alegre y maquiavélica condición de bestia hobbesiana. 

Gerd Wiesler lleva una vida tal que llamarla gris es pintarrajearla falsamente de color. Días de una soledad solo interrumpida por el amor de pago. Horas de trabajo obcecado, televisión pública y platos precocinados. Una existencia de adhesion "ciega" a la lógica opresiva del falso paraíso socialista, a unos ideales revolucionarios ya algo (bastante) raídos en ese 1984 en que la pelicula arranca. Y nada que ver con Orwell, dice el director Henckel von Donnersmarck , ya que así eran las cosas en 1984 en el Este, pero la sociedad descrita es al fin y al cabo, rabiosamente orwelliana. 

Ulrich Mühe, extraordinario actor del Este

El magnífico Ulrich Mühe (que ya conocíamos en España por algunos trabajos de Michael Hanecke, como Funny Games o El Castillo), "antiguo" alemán oriental, sabía muy bien (murió en 2007, lo que es sentir la lamedura del totalitarismo en sus carnes. De su época de autor teatral en la Alemania estalinista, conoció él también la delación y el minucioso seguimiento.

Difícil encontrar a un actor más apropiado para meterse en la piel de Wiesler, este oficial de la policia política alemana al que se le encargan días y semanas de escuchas y pormenorizada relación de todos los movimientos (supuestamente privados) de una pareja. La formada por el "sospechoso" (para la Stasi) dramaturgo Georg Dreyman y su amante, la actriz teatral Christa-Maria Sieland, y que han de llevarle (a Wiesler) a transitar desde la inclemente determinación del "integro" y leal funcionario político hacia la duda, el instinto humanitario, y finalmente la traición a ese Leviatán del que es supuesto servidor.

Una narración pausadamente enérgica

Y todo esto filmado de manera elegante, con una especie de discreción afilada, rotunda. Los momentos más duros de la película (la muerte o "suicido" accidental, la volatilidad de los afectos en un marco totalitario, la permanente amenaza, la evidencia de la corrupción, la delación cotidiana, el aniquilamiento monótono de la dignidad) discurren con la mismo tono pausadamente enérgico del resto de la historia.

Y un final (situado ya en la Alemania Reunificada de 1991) callado, sutil. Emocionante.

Digamos que La vida de los otros es una de esas obras que suelen calificarse entusiásticamente de "imprescindibles" (aunque solo una parte de las así etiquetadas lo sean). Pero es posible que la pelicula de Florian Henckel von Donnersmarck sea de verdad imprescindible: para el disfrute del sentido estético, para la indignación y la denuncia, y regodearse en el espectáculo de las emociones. Para el conocimiento de la Historia y de los animales humanos que en ella viven y vivirán trabados.



publicado por Serafin G. León el 5 febrero, 2012

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.