The artist

Salgo de ver The Artist con una duda martilleándome en la cabeza: ¿cómo es posible que, en los tiempos que corren, alguien haya estado tan loco como para grabar una película en blanco y negro y muda sobre el cine en blanco y negro y mudo? Sin duda, ha tenido que ser algún loco que ame el cine, el arte, el puro arte.

Gracias a esta pequeña joya, no apta para todo tipo de público, volvemos a los años 20 y 30. El cine sonoro empieza a hacerse un hueco en las salas, el público se acostumbra a escuchar a los actores y acude en masa a disfrutar de la nueva experiencia. Los actores del cine mudo han quedado obsoletos. A esa dura realidad se tiene que enfrentar George Valentín, un actor que lo fue todo en el cine mudo y que ve cómo va quedando relegado en el olvido en favor de las nuevas estrellas del cine sonoro.

Lo mejor de The Artist es que, aunque conozcas el argumento, da igual. Lo importante no es tanto el ‘qué’ como el ‘cómo’. A través de escenas llenas de emoción y de sentimiento, el francés Michel Hazanavicius nos cuenta la historia de este actor que se reivindica como artista, no como marioneta de las grandes productoras. La banda sonora, la dirección y las actuaciones lo son todo en esta cinta, que ha ido arrasando en festivales varios hasta llegar a ser la gran triunfadora de los Globos de Oro y una de las favoritas en los próximos Oscar.

Llena de pequeños detalles que nos hacen recordar la magia de los inicios del cine. Un homenaje a la historia y a los amantes del cine. Una película que llega a las almas sensibles, a las que aprecian los pequeños detalles, los gestos, las miradas, los silencios. Una película que lleva al cinéfilo a salir del cine queriendo bailar claqué.

Habrá que esperar, pero sin duda, merece el Oscar. No solo por hacernos disfrutar volviendo a los inicios del cine ahora que todo el mundo se está pasando al 3D; no solo por las escenas emotivas y emocionantes; no solo por la fotografía, el cuidado, el detalle; no solo por las excelentes actuaciones y su espléndida banda sonora; no solo por el homenaje al cine que supone. También por el mérito que supone que una película de estas características se mantenga en cartelera y esté en boca de todos. Por el riesgo que suponía. Por tirarse a la piscina y hacer lo que se quiere. Por el cine.

¡Silencio, se rueda!

 

 

Lo mejor: El homenaje al cine, el riesgo, las actuaciones...
Lo peor: No gustará a todo el mundo.
publicado por Natalia Marcos el 6 febrero, 2012

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