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War horse (caballo de batalla)

Steven Spielberg es el cineasta vivo más conocido y valorado del mundo, y eso es un hecho. Quizás no sea el que mejores películas haga, ni el que más haya aportado al mundo del cine. Todas estas cosas son discutibles, pero poca gente asidua a las salas desconoce las obras más importantes del director judío, desde mi punto de vista ‘E.T., el extraterrestre’ (‘E.T.: The Extra-Terrestrial’, 1982) y ‘La lista de Schindler’ (‘Schindler’s List’, 1993). Como tampoco es discutible el hecho de que, en la mayoría de las ocasiones, sea capaz de mantenernos pegados a la butaca sin poder apenas pestañear. Por eso, ir a ver una nueva película de este señor supone todo un rito aderezado con altas dosis de expectativas.

Ted Narracot es un granjero viejo y borracho que se levanta un día y, víctima de la locura pero como guiado por el destino, decide invertir todos los ahorros de su vida en la compra de un caballo. Albert, su hijo, se encariña inmediatamente de él. Cuando se hace perenne que Ted no puede pagar las facturas de su familia, Albert tendrá que obligar, enseñar y ayudar a Joey, su caballo, a serles útil, forjándose entre ellos una extraña relación. Pero, cuando estalla la Iª Guerra Mundial, jinete y caballo serán separados, poniendo a prueba lo que significan el uno para el otro.

Debe ser difícil conceder todo el peso dramático de la historia a un animal por muy humanizado que nos lo presenten. Joey no habla ni piensa, y al final lo único que hace es ir de un lado para otro movido por las olas de la guerra, dejándose llevar sin tomar las riendas (nunca mejor dicho) de su historia. Aunque el protagonismo del film pueda parecer compartido por el chico y el caballo la realidad es que la mayoría del tiempo sólo aparece y sólo interesa este último. Y eso se convierte en un problema, sobre todo si el actor principal tiene dificultades para expresarse.

Pero no nos engañemos, es Spielberg quién dirige esto. Así que, aún con las dificultades que esto pueda suponer, este servidor no pudo evitar soltar algunas lágrimas en determinados momentos. Pero no por lo mal que lo pasa Joey en el campo de batalla, ni por lo que debe sufrir Albert en su intento de reencontrarse con su caballo, sino por la amistad que se sobrepone a todo: a la distancia, a la guerra y al mundo en general. Al amor que permanece cuando todo lo demás se te es arrebatado.

 

Y es que ésta no es la primera vez que Spielberg trata el tema de la amistad, en esto ya es un experto. Al igual que es un experto en imbuirnos en alocadas persecuciones, en sobrecogernos con el silencio de la muerte y en enamorarnos con la sonrisa de un viejo moribundo. Y todo esto, señores, se encuentra en ‘War Horse’. Porque que la inexpresividad de un caballo y la simpleza de una historia no llegan a enturbiar, del todo, la grandeza de este relato.

Simple y emotiva a partes iguales, la nueva fábula del Rey Midas hará encoger los corazones de muchos (sobre todo aquellos con especial amor y cariño por los animales) y enfriará los de otros, pero todos se arrodillarán ante las imágenes de uno de los mejores narradores de guerra de la historia.

publicado por Pablo Limón Panella el 20 marzo, 2012

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