muchocine opiniones de cinedesde 2005

Monumental drama de corte costumbrista que relata las vicisitudes de un padre y un hijo pobres. Relato magistral que desnuda el alma humana para dejarnos ver lo peor y lo más noble del ser humano. Tremendamente emotiva.

★★★★★ Excelente

Pelle el conquistador

Si alguien que nunca ha visto cine me preguntara qué película ha de ver. Si un extraterrestre que va a permanecer sólo unas horas en la Tierra me pidiera que le recomendara una sola película para entender qué es el cine. Si un reo quisiera ver una obra maestra antes de morir. A todos ellos les diría que deben ver Pelle el conquistador.Cine europeo en estado puro, cuenta la historia de un hombre bueno y pobre, que sobrevive con su hijo en el mundo duro y supersticioso de una pequeña isla danesa a finales del siglo XIX. Entre parajes brumosos, aguas gélidas y las crueldades de niños analfabetos, transcurre una etapa en la vida de padre e hijo. Duermen entre heces de vaca mientras los chinches corretean constantemente por sus raídas ropas. Empleados como criados en la granja de un despótico terrateniente, el tiempo transcurre y el niño descubre poco a poco (a veces por sí mismo y otras guiado por su progenitor) los valores, pasiones y conflictos morales que conforman la complejidad del ser humano.La película Mujeres al borde de un ataque de nervios tuvo mala suerte al competir a finales de los 80 con este filme por el Oscar a la mejor película extranjera. Almodóvar había hecho un buen trabajo pero lo tenía muy crudo, y la monumental Pelle el conquistador le pasó por encima como una apisonadora. No puede ponderarse suficientemente el mérito de esta obra. Desde su fotografía, su banda sonora, la interpretación del elenco de actores, su ambientación hasta llegar al guión, todo emana una deliciosa poesía. No por ello puede decirse que lo que vamos a ver sea un cuento de hadas. Muy al contrario, es una historia cruda que no esconde las miserias más pestilentes del alma humana, tales como odio, envidia, violación, castigos corporales, extrema crueldad y hasta el asesinato de un bebé. Entre tanta miseria moral, centellean pequeños momentos de felicidad, regalos paupérrimos hechos con amor, débiles destellos de esperanza que se apagan al canto matutino de los gallos. Y en rigor, este es el valor de la historia: la fe en un futuro mejor, incluso en la peor de las circunstancias: sintiendo sobre el cuerpo desnutrido las mil agujas que el hambre clava. Precisamente, ese futuro mejor deambula como un fantasma que va y viene, como un animal salvaje, de nombre Oportunidad, al que hay que sujetar y no soltar, y al agarrarlo hay que mirar al océano y pronunciar: América, España, China, conquistaremos el mundo entero, Pelle, tú y yo juntos. La nueva era se aproxima, los albores del siglo XX anuncian que los niños deben aprender a leer y a escribir, en tanto los adultos (la mayoría alcoholizados y con los dientes podridos) permanecerán para siempre más en la grotesca vergüenza de la incultura y superstición más profundas. Sólo podrán suspirar viendo a sus hijos aprendiendo a leer en las pequeñas escuelas, vaticinando para ellos un futuro más digno que el que puedan tener en un villorrio que se repliega crujiendo sobre sí mismo (como todavía hoy pasa en todos nuestros pueblos, donde siempre se burlan de lo que no conocen).Cine de primera calidad que rescata al séptimo arte de la basura y de la mediocridad imperantes. Hubo una época en la que se rodaban cosas como ésta. Todavía hoy, de vez en cuando, se repite una obra maestra de la misma talla, pero no es nada habitual. A todos aquellos que aspiramos a crear arte (sea cual sea la modalidad), es a este tipo de obras sobre las que tenemos que poner las miras. Pues están hechas no sólo con el corazón, sino con buena técnica, pulso estable, tiempo y sabiduría. Hay que apuntar siempre a lo más alto. Si no llegamos, al menos nos quedará algo digno. Vi esta película hace muchos años, cuando era adolescente, y me coloqué en un lugar intermedio entre el padre y el hijo. Hoy, como padre, me estremezco nada más comenzar la película, cuando Max von Sydow lleva en brazos a un tierno niño que le abraza el cuello, un niño demasiado grande para ser llevado en brazos. Desde ese inicio hasta el final, hay verdadero arte, el que nos purifica el espíritu mediante esa catarsis de la que hablaba Aristóteles (y de la que los directores de hoy nunca han oído hablar).
publicado por Francesc Canals Naylor el 13 mayo, 2012

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