Una apuesta arriesga con muchas luces y algunas sombras.

★★★☆☆ Buena

Drive

Sinopsis.

 

Un misterioso joven (personaje interpretado por Ryan Gosling) trabaja en un taller de mecánica del automóvil, pero su talento natural reside en su destreza al volante. Esta habilidad le lleva a realizar otra serie de trabajos más allá del taller: especialista en el cine de acción y conductor para delincuentes. En este segundo tipo de trabajos cede su talento al volante a la huida tras distintos tipos de robos.

 

Su jefe en al taller, Shannon (personaje interpretado por Brian Cranston), es quien le busca los trabajos como especialista  y quien quiere "construir" un coche a medida para su chico. Y así, hacerlo competir en  carreras, para lo que requiere de la financiación de dos mafiosos locales, papeles interpretados por Albert Brooks y Ron Perlman.

 

El solitario y misterioso conductor ve alterada su vida al conocer a su vecina Irene (personaje interpretado por Carey Mulligan), quien vive con su hijo y cuyo marido está en la cárcel.

 

Los sentimientos por el niño, por Irene, la salida de la cárcel del marido de ésta y los tratos de Shannon con la mafia cambiaran por completo la vida del protagonista, que se verá obligado a tomar parte.

 

Crítica.

 

Muchos han sido los que se han asomado a esta modesta ventana de opinión y nos han pedido que viéramos Drive, película sorprendente y asombrosa para ellos, queriendo así conocer nuestra ignorante, vacía y carente de criterio opinión. Y bien, ahora hemos tenido el tiempo y la oportunidad de subirnos a "este carro", queriendo compartir con ustedes nuestra experiencia desde el asiento trasero de cualquiera de los coches que brillantemente pilota nuestro protagonista.

Es una cinta realmente sorprenderte como alguno de "nuestros amigos" ya nos avanzaban. Es un producto raro, pero agradable de ver. Una apuesta arriesgada en las formas, en el contenido y en lo que despierta; seguro que horrorosa para algunos, idolatrada para otros. Nosotros, como hombres de ciencia mesurada que somos, ya les avanzamos que como amantes de la velocidad pero anteponiendo la seguridad, nos encontramos en la mediatriz equidistante a esos dos polos del segmento que une el odio con el amor.

Es rara, pero loable, aunque no santificable. De ritmo extremadamente lento dentro de la vivencia rápida. Violenta en el seno de la calma que le concede ese ritmo de quinientas revoluciones en motor de gasolina. Crispada en emociones desde la casi insensibilidad. Una cinta verdaderamente atrevida con una apuesta clara: transmitir desde el propio vacío que crea, lo que en ocasiones es duro, complejo y difícil de sobrellevar.

Nosotros, espectadores de escaso criterio, todavía estamos definiendo nuestra opinión al respecto. Todavía no sabemos muy bien si la odiamos del todo o si por el contrario, el rugir de su motor nos ha calado más de lo que suponemos. Así que esa mediatriz, esa solución de compromiso del aprobado ramplón, es la que nos provoca la mayor de las comodidades. Lo que en sí mismo, no deja de ser mala señal, dado que no saber muy bien si algo te ha transmitido o no, no deja de ser algo terriblemente negativo en esencia, ¿no creen?

La cinta comienza en esas bajas revoluciones, en un ralentí descriptivo de personajes que tiene efecto somnífero y en cierta medida puede alejar al espectador, el cual es fácil que decida desengancharse por completo de la historia, sin esperar que algún golpe de pedal acelere la cuestión y nos haga abrocharnos el cinturón para vivir lo emocional desde lo sombrío, lo pasional desde la frialdad,…, elementos casi imposible de mezclar, pero que confluyen en un carburante de medio octanaje, lo justo para no dar tirones de pistón y no emitir más de la cuenta. Es verdad que la mitad del anfiteatro, para entonces, puede haber decidido bajarse del vehículo y coger el autobús que primero pasase por allí, pero que le llevase por otros recorridos más seductores, más sencillos también.

En la segunda fase del metraje, expuestos personajes y problemáticas, se pisa el acelerador con picos de más de cinco mil revoluciones, generando dosis de alta violencia y alto contenido en sangre. Este elemento nos evoca a cierto cine de los años ochenta, pero más estilizado y, si me lo permiten, más "creativo".

No obstante, un pecado-defecto mortal es que se mueve entre el carril derecho de la honestidad y el izquierdo de lo pretencioso, que pisa en ocasiones, sin haber disposición permisiva del código de circulación cinematográfica que permita dibujar una línea discontinua entre ambos carriles de sentido tan opuesto. Más bien son dos plataformas de distintas  autovías en las cuales difícilmente se puede circular a la vez, por mucho que tratemos de adecuar la velocidad.

Concluyendo. Sí que es ambiciosa y el circuito por el que transcurre presenta muchos baches inverosímiles. Tiene alma de Ford Mustang en su concepción y se queda en el Chevrolet Impala con el que comienza. Sí que es una propuesta creativa; el resultado, al menos, criticable. Lo que nadie puede negar es lo perturbador de la apuesta y pese a que en la formación de la parrilla de salida no se ven Ferraris ni Mercedes, a mitad de carrera y tras el primer cambio de neumáticos, nos empezamos a hacer la idea de que tenemos un bello Ford Mustang delante de nuestros ojos. Sin embarco, a la bandera a cuadros y tras el frenazo final, sólo tenemos ese Chevrolet Impala plateado, que como en la película se dice, es el coche más común de California; si bien cumple prestaciones y tiene alma y caballos de sobra, puede pasar desapercibido, cual metáfora de lo que supone la película al panorama cinematográfico y a nuestra filmoteca.

Por último, en cuanto a lo técnico quisiéramos evaluar algunos aspectos. Notable a la interpretación de Ryan Gosling, le da todo a la película; no sería la misma sin él, sin su frialdad, sin su dualidad, sin su mondadientes (elemento totalmente prescindible por otra parte). Estamos ante el papel que le reafirma como actor más allá de una cara bonita y un montón de músculos, aquí, por cierto, bien tapados tras "la chupa del escorpión". Sobresaliente a los efectos sonoros y a la selección musical. Aprobado justito a los efectos visuales y a la fotografía.

Reconocemos que nos entretuvo y tiene elementos de mérito, pero no nos llegó a hechizar. Una pena.

Nota general.

 

5,0 sobre 10.

publicado por Lucas Liz el 1 junio, 2012

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