Une película correcta sobre el béisbol, en la que apenas se ve béisbol. Es más de lo que esperábamos, menos de lo que se decía.

★★★☆☆ Buena

Moneyball; rompiendo las reglas

Sinopsis.

 

Basada en un episodio de la vida de Billy Beane (personaje interpretado por Brad Pitt).

 

Bill es una antigua promesa del béisbol americano y que llega a ser director general del equipo de Oackland.

 

Tras caer en las fases finales y teniendo que asumir la pérdida de sus grandes estrellas, las cuales migran a mayores equipos con mayores presupuestos, decide recurrir a un método novedoso para conformar un equipo basado en las estadísticas y en el rendimiento neto de los jugadores. Este método, denominado Moneyball, a través de la matemática y la estadística, permite decidir que jugadores contratar; aquellos con altos rendimientos lejos de los grandes presupuestos, las grandes marcas, la imagen, los focos de la prensa, las intuiciones de ojeadores, etc.

 

Para poner en marcha este proyecto se basa y recurre al joven Peter Brand (personaje interpretado por Jonah Hill). Ello le llevará a tener que enfrentarse a toda la estructura de su club e incluso al propio entrenador (interpretado por Philip Seymour Hoffman).

 

Crítica.

 

Convalecientes seguimos y convalecientes seguiremos; ese es al menos el diagnóstico de mis queridos médicos… Sí, es irónico,…, jajaja.

 

Moneyball fue uno de esos grandes títulos del año 2011 que no pasó desapercibido para nuestros ojos, pero sí para nuestra capacidad de decisión o, al menos, para nuestro raciocinio, que nos aconsejó alejarnos de ella. No obstante, ahora, desde nuestro cómodo sofá,  decidimos darle una oportunidad y acercarnos a esta nueva cinta sobre el mundo del deporte, basada en un caso real.

 

Es una película sobre el deporte, temática que si bien adoramos en el mundo real, no nos cautiva mucho dentro de la gran pantalla. Además, y  concretamente, se trata de béisbol, un deporte netamente americano, de poco calado en Europa y, por tanto, al que no nos sentimos muy cercanos tampoco. Partiendo de lo dicho y de esas claras reticencias que nos alejan del título, en esta ocasión pocas escenas del juego se ven, cosa que agradecemos, por lo que el deporte en sí no es un protagonista o, al menos, no el único.

 

Suponemos que el reto al que se enfrentó Billy Beane fue osado, arriesgado y a la par ambicioso e innovador. Una iniciativa que cambió el rumbo de los equipos y la concepción de los traspasos en un deporte que mueve masas en Estados Unidos; no sólo masas en términos de personas, también términos de dólares. Se pasó de una estructura arcaica basada en la intuición y en lo tradicional, a un método más riguroso basado en datos, en datos contrastados y estadísticas completamente objetivas que ayudaban a la hora de realizar fichajes. Es uno de los orígenes del afán estadístico que hoy en día preside todo deporte de nivel. A partir de esa idea y de esa concepción real del diseño de los equipos, se construye una película alrededor de este personaje, de sus inquietudes, de sus frustraciones pasadas, de sus esperanzas y del cambio radical que le supuso conocer a Peter Brand, entusiasta de los números y del juego. Juntos consiguieron el cambio, juntos demostraron aquella máxima de que el deporte no es sólo el dinero, ¿no? Y nos preguntamos nosotros como deportistas natos, ¿lo es sólo de números?

 

El personaje protagonista es interpretado por un Brad Pitt muy introspectivo, mucho más que otras ocasiones. Es una introspección relativa, pese a lo que pueda parecer. Mucho mayor que la que en sus personajes se vislumbra normalmente, pero a nuestro juicio es sólo en apariencia, dado que no se consigue llegar del todo al fondo del personaje, de sus inquietudes, de su problemática. Clara es la relación entre lo que hace con su pasado, pero ¿hasta qué punto le marca y cómo? No nos parece del todo evidente.

 

Al guapo de Brad (y que no suene despectivo) le acompañan en el reparto  Robin Wright-Penn como ex-mujer (muy testimonial y por tanto no valorable), el señor Seymour Hoffman como entrenador del equipo (actor lejos de su mejor momento y que aquí prácticamente es un florero y deja su nombre para el cartel) y un sorprendente Jonah Hill como Peter Brand. Este último completa un papel de aprobado alto, casi notable, muy alejado de sus típicos papeles de comedia "basura" en el que se ha encasillado. Un acierto la elección, tanto por su parte como por la dirección de casting. Entre él y Pitt, y entre sus personajes, se establece una conexión apreciable (no sobresaliente) que queda bien en pantalla.

 

Estamos ante una película tranquila y sosegada, pero también muy plana y bastante superficial.

 

Podríamos decir que es más completa que otras películas del género y que otras abordan el béisbol… En esta ocasión casi se puede decir que es una película de béisbol, con mucha terminología propia del deporte, pero que realmente no entra en el deporte en sí, ni en el juego. Es más que eso.

Entretenida es, pero no nos ha conseguido transmitir mucho más, ni llevarnos a ningún terreno emocional, por tanto no la podremos aprobar, aunque por poco.

Nota general.

4,5 sobre 10.

publicado por Lucas Liz el 23 julio, 2012

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