Malditos bastardos

Como siempre se dice, con Tarantino no caben las medias tintas. O se aman sus películas o se las odia. O eres uno de esos fans acérrimos que suben al cielo con cada disparo y sobre todo con cada diálogo, o esos mismos diálogos y escenas de acción te resultan aburridos, extenuantes, pretenciosos y/o asquerosos.
Sin embargo, Malditos bastardos es otra cosa. Parece como si Tarantino hubiese querido hacer su película más accesible para todo tipo de espectadores. Esta intención se nota en la narración, que renuncia a la fragmentación y a los saltos temporales, y aunque parezca extraño, la violencia, mucho más suave en esta película que en otras del realizador.
Aunque por supuesto, el realizador no renuncia a aquello que lo ha hecho famoso. La película sigue siendo violenta, llena de acción y está repleta de diálogos de esos que sus fans aplauden hasta con las orejas. Especialmente brillantes son los de Hans Landa en la secuencia de apertura y con Shosanna en el restaurante, y por supuesto toda la larguísima secuencia de Hilcox (excelente Michael Fassbender), Von Hammersmarck (excelente Diane Krueger… vale para mucho más de lo que la han dejado en Hollywood) y Stiglitz (sorprendente Til Schweiger) en la taberna, que es el máximo ejemplo de la fascinación que es capaz de crear Tarantino simplemente con unos pocos actores, unos diálogos brillantes y una tensión muy bien conseguida.
En realidad, el único problema de la película es que es a todas luces demasiado larga. Con dos horas habría sido más que suficiente para contar la historia que está contando. Hay demasiados altibajos en el ritmo, y todas las conversaciones, por muy brillantes que sean, se resienten debido a lo largas que resultan. Y ésto es un defecto que no presentaban ni Pulp Fiction ni Kill Bill, por ejemplo.
Pero aunque sea más floja que otras obras previas del realizador, Malditos Bastardos sigue estando por encima de la inmensa mayoría de cintas actuales, aunque sea por su derroche de originalidad, ingenio y ese "algo" especial que siempre desprende el cine de Tarantino, Quentin Tarantino. 
Es una bizarría, sí, pero una bizarría absolutamente brillante.
Lo mejor: Christoph Waltz (espectacular), el clímax final (apoteósico) y el sentido del humor (desternillante en la escena entre Landa, Von Hammersmarck y Raine y sus hombres haciéndose pasar por italianos)
Lo peor: Es demasiado larga y el ritmo es irregular
publicado por Alba Viñallonga Cruzado el 11 agosto, 2012

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.