Otro episodio europeo de Woody Allen

★★★☆☆ Buena

A roma con amor

Parece que a medida que Woody Allen envejece le va afectando más el “síndrome del turista del Imserso americano”. De un tiempo a esta parte, el director neoyorquino ha preferido situar sus últimas películas en ciudades o capitales importante de la vieja Europa: Barcelona (“Vicky, Cristina, Barcelona”), París (“Midnight in Paris”) o en este caso, Roma.

Pero parece que este nuevo gusto por lo “exótico europeo” ha desbancado al guión y a la cáustica ironía a la que nos tenía acostumbrados. Tras el descalabro que supuso la aventura barcelonesa (al menos para mí), nos reencontramos gratamente con Woody en su sueño parisino, lleno de referencias culturales y situaciones totalmente (y literalmente) surrealistas. Ahora, en la ciudad eterna, Allen nos sitúa ante cuatro historias inconexas, muy simples pero que se van enredando hasta el absurdo total: Una turista norteamericana (Alison Pill) y un chico romano (Flavio Parenti) se enamoran mientras ella hace turismo por Roma y con el tiempo deciden casarse y presentar a sus respectivos padres. Los consuegros congenian, sobretodo Jerry (Woody Allen) un productor musical que descubre en Giancarlo (el tenor Fabio Armiliato) a un genial cantante de ópera…en la ducha. Aquí empieza un estrambótico camino para el nuevo tenor, a las ordenes de su histriónico consuegro para que se dé a conocer al público cantando diferentes operas…en la ducha.

Por otro lado, una pareja recién casada y de provincia van a Roma de luna de miel y de paso, para verse con los selectos tíos del novio, que le proporcionan un elitista puesto de trabajo. Pero un malentendido y la pérdida de un móvil, llevaran a la pareja a cometer adulterio con una prostituta (una Penélope Cruz que vuelve a destacar en su escasa habilidad para los acentos) y a ella con un amante inesperado. Atentos al cameo de la espléndida Ornella Muti.

Leopoldo (Roberto Benigni), un aburrido oficinista ve como de la noche a la mañana se vuelve famoso… por ser famoso. Este sinsentido, que pretende criticar la banalización del star system en los medios de comunicación, llevará a Leopoldo a reorganizar totalmente su vida, a encontrase en situaciones que nunca habría pensado y a extrañar su vida monótona y aburrida.

Finalmente, John (Alec Baldwin) un afamado arquitecto americano se encuentra mientras calle con Jack (Jesse Eisenberg), un joven arquitecto que le invita a conocer su estudio. A partir de entonces la historia de Jack se complica drásticamente. Su novia, Sally, (Greta Gerwig) ha invitado a la “irresistible” Mónica (Ellen Page) a Roma para ayudarla en su reciente ruptura. Pese a los avisos de Sally (y de John,  que se ha convertido en el Pepito Grillo de Jack y que interviene constantemente en escena), Jack se enamora perdidamente de la inestable Mónica, con todo lo que esto conlleva, incluido un final inesperado…o no.

Estas cuatro historias se van tejiendo en conjunto con un paseo por las ruinas romanas y los palazzos y jardines. Si bien tiene momentos de gracia y absurdo, considero que el Sr Allen ha sido sobrepasado por su propia fama. Ya no estamos ante los sinsentidos de Manhattan, aunque intente imitarlos. Incluso su propio papel es una parodia de su personaje arquetípico, sobreactuado (y no es el único) y muchas veces, predecible.

Pese a iniciarse y finalizarse con la pegadiza “Volare” este nuevo episodio europeo puede dejar mal gusto de boca a lo que tuvieran un buen recuerdo del sueño en París. Esperemos que su próximo viaje en el Imserso europeo le lleve a otra ciudad por descubrir, pero con un poco más centrado.

Lo mejor: Algunas de las perlas del humor alleniano. La ciudad eterna.
Lo peor: Sobreactuación del elenco (incluido Allen). Demasiado surrealismo inconexo. Penelope Cruz intentando imitar el acento italiano.

publicado por David Martínez Llamas el 25 septiembre, 2012
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