De melodrama pasamos a thriller convencional para desembocar en Lost.

★★☆☆☆ Mediocre

Fin

Con una prometedora secuencia que transcurre en el metro, arranca la película de Torregrossa y también el festival de cine. La escena, colocada justo antes del título, resume toda la trama del largometraje elegido para la gala inaugural. Buen comienzo, el ideal para cualquier filme. Lástima que la cinta se quede en sólo eso, en un buen arranque.






















La televisión y el cine, o el cine y la televisión. Enemigos desde el nacimiento de la “caja tonta”, ahora parece que van de la mano. Las series de la pequeña pantalla cada vez son más ambiciosas en la puesta en escena y cada vez cuentan con mejores libretos y actores de primer nivel dirigidos por realizadores de cine. En las salas de proyecciones está ocurriendo todo lo contrario: es habitual el abuso de los escaqueantes primeros planos sin ningún efecto dramático, de los actores surgidos de series juveniles y de los guiones donde el punto de vista cambia de uno a otro personaje como un saltamontes y donde los diálogos exceden el melodrama para, finalmente, provocar la risa de la audiencia.
El mundo al revés en esta lucha de medios. A Fin, el debut cinematográfico de Torregrossa, se le puede aplicar todo lo dicho en el párrafo anterior. El director curtido en series de televisión —ya estamos— adapta la novela de David Monteagudo para presentar un filme apocalíptico que comienza con una reunión de viejos amigos que no se veían desde veinte años atrás. Como Reencuentro (The Big Chill de Lawrence Kasdan, 1983) o Los Amigos de Peter (Peter’s Friends de Kenneth Branagh, 1992), la cinta plantea distintas relaciones entre los personajes, triangulando más que la selección española de fútbol, y aburriendo al personal.

Del melodrama costumbrista, Fin pasa al thriller convencional cuando descubrimos que hay un oscuro asunto del pasado sin resolver. En ese momento, nos acordamos de aquella película de terror española, El arte de morir (Álvaro Fernández Armero, 2000), con un planteamiento sospechosamente parecido, que finalmente no resultó tan mala. Quién sabe, a lo mejor le ocurre lo mismo a la cinta de Torregrossa.
Cuando parece que asistiremos a una especie de Sé lo que hicisteis el último verano, pero a la española, la película vuelve a dar un giro de ciento ochenta grados para meterse de lleno en Lost. El público comienza a ver animales que no tenían por qué estar allí, planos calcados de aviones caídos, el deambular de un grupo, la irrupción espontánea de un líder y su antagonista…, es decir, Torregrossa se convierte en J.J. Abrams con algún guiño a Hitchcock (Los pájaros).
Para terminar de rematar este refrito, y exceptuando el buen trabajo al que Blanca Romero nos tiene acostumbrados, el resto del elenco deambula inseguro a lo largo del metraje dando vida a unos personajes a los que el director asigna nombres con evidente intención metafórica —Ángel y, sobre todo, Eva— que tampoco ayudan a levantar una película que se hundió enseguida, justo después del título.
publicado por Ethan el 13 noviembre, 2012

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